miércoles, 23 de diciembre de 2015

Hoi An, la perla de Vietnam


Salimos de Hue con dirección a Hoi An por una carretera bonita, aunque llena de curvas y en bastante mal estado. Paramos en un rincón para admirar la bahía de Danang con sus viveros de ostras y sus piscifactorías de carpas.

Atravesamos Danang, una gran ciudad aunque menos caótica que Hanoi. Según nuestro guía, es la ciudad más habitable de Vietnam; lo cierto es que la vemos moderna, con buenas avenidas y edificios, centros comerciales, grandes hoteles y una estupenda playa, en la que paramos a tomarnos un café.

Visitamos después el Monte del Mármol, dentro de Ngu Hanh Son, un conjunto de cuevas (cinco: Kim—metal; Moc—madera Hoa—fuego; Thuy—agua; y Tho—tierra) y colinas con varios Budas (alguno femenino).  Fue durante la guerra un hospital; lo bombardearon los americanos.  Al ser un sitio bonito con vistas espectaculares, se acercan novias y parejas para retratarse; también modelos publicitarios.  

Por fin llegamos a Hoi An, una preciosa ciudad de 80.000 habitantes y un alto porcentaje de turistas por la calle. Como es pronto, nuestro guía decide que aprovechemos el buen tiempo (ha dejado de llover) para darnos una primera vuelta por la ciudad. Visitamos la Asamblea China, que luego fue un templo.  Aquí se cuelgan farolillos de incienso con cartelitos con los deseos de cada uno.  Duran el tiempo que tarda en quemarse el incienso, a veces hasta un mes. 

Vemos también la casa antigua de una familia de mercaderes chinos (de hace 200 años).  Estos siguen siendo los dueños, pero ya no viven en la casa.  Huyeron de China como refugiados políticos.
Las casas antiguas de Hoi An son largas y estrechas, sin ventanas.  Se ventilan a través de las puertas delanteras y traseras.  A veces llevan un espejo en la fachada para asustar a los espíritus.

Hoi An ha sufrido mucho de inundaciones (¡que suelen ocurrir en noviembre!).  En el 2009 subieron las aguas más de dos metros.
Entramos también en la Asamblea Cantonesa y cruzamos el Puente Japonés.  Este puente, construido en 1593, separa el barrio chino del japonés.

Salimos de excursión a My Son, un santuario con ruinas de templos hindúes. Visitamos, dentro de un valle de unos dos kilómetros de ancho, entre dos cadenas montañosas, una serie de templos de la dinastía Champa, también un lugar de enterramiento de los monarcas champas y sus héroes nacionales.  A pesar de que se han destruido varias veces, muchos templos han aguantado o han sido reconstruidos.  También se aprecian varios cráteres donde cayeron bombas. Nos aclara nuestro guía que no existen monumentos de antes del Siglo VII, porque éstos se hicieron de madera y fueron destruidos todos por el fuego.  Los templos de My Son son de los siglos VII al XIII.  


Hoi An es el templo de la seda, el lugar para hacerse todo tipo de prendas de seda, tanto hombres como mujeres. La ciudad está llena de sitios donde poder comprarlas y tomarse medidas para su confección. Quizás por eso, y porque la ciudad vale la pena, tenemos el día libre para patearla de arriba abajo. Tarea a la que nos dedicamos con tesón..  

Una de las decisiones que adoptamos es acercarnos a la playa, para lo cual cogemos un taxi que nos lleva allí. Aprovechamos el buen tiempo para dar un largo paseo por la playa y tomarnos unos refrescos mirando el mar.

El resto del día paseamos, cruzamos puentes, recorremos una especie de parque, disfrutamos de las luces, las cajas con velas en el agua, las figuras iluminadas…

Nuestra estancia en Vietnam se acaba y mañana salimos para Camboya, a visitar Angkor Wat.  El país nos ha encantado, sus gentes, sus paisajes, su comida. Nos parece un lugar muy recomendable, no solo para visitar, sino también--si uno no tuviera tantas ataduras-- para venirse a vivir. Desde luego con la pensión española viviría como uno de los reyes cuyas tumbas hemos visitado. A ver si alguien se anima.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Hue, ciudad imperial

Llegamos a Hue, tras más de tres horas de espera en el aeropuerto de Hanoi, en torno al mediodía. Y nos dirigimos directamente al restaurante, donde -como de costumbre- comimos muy bien. 

Huế es una ciudad de unos 400.000 habitantes, situada en el centro de Vietnam. Fue la capital del país hasta 1945 y su Conjunto de Monumentos fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1993

Nuestro primer objetivo es visitar su ciudad imperial, similar en extensión y estilo a la Ciudad Prohibida de Pekín. Vemos las cinco entradas de la casa principal, una para el rey, otra para civiles y otras para militares.   Se usó hasta 1945, cuando Hue dejó de ser capital y Vietnam se convirtió en una república independiente. Visitamos las nueve urnas dinásticas, cada una dedicada a un rey Nguyen (la dinastía).  El último rey murió en París en 1997.


Visitamos el salón del trono y el teatro real. En 1968 se destruyó el resto de la ciudad prohibida. Como dato curioso, en Hue no se permite que ninguna casa tenga más altura que los edificios de la ciudadela.

Hoy es "Thanksgiving" y decidimos darnos un homenaje, yendo a cenar a un restaurante europeo y probando el vino vietnamita, ¡¡horrible!!
Al día siguiente vamos a ver los mausoleos de siete de los reyes; los otros seis no tienen mausoleos propios.  Llueve sin parar. Primero vemos el del rey impotente (según nuestro guía) y a continuación el del “Picha Brava” (¡!).  Este rey tuvo no sé cuántas mujeres y concubinas y no sé cuántos hijos.  


A continuación tomamos un barco por el Río Perfume y visitamos al final la Pagoda de la Dama del Cielo.  Aquí hay un Buda gordo, como el de los chinos.  Y hay una especie de monasterio donde viven monjes jóvenes, huérfanos.

Después de comer visitamos el “lively market”, el mercado Dong Ba.  La verdad, no hay mercado en este viaje que no nos deje con la boca abierta.  Además, cada uno sorprende a su manera, por su originalidad.  Aquí, en el interior hay puesto tras puesto, todos pegados entre sí, de metros y metros de tela, montañas de cuadernos, ropa para vestir la ciudad entera…  

Tanto trajín requiere una buena cena. Lo hacemos en "Le carambole", un restaurante que mezcla cocina francesa y vietnamita. Muy rica la comida y bien de precio.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

De crucero por la bahía de Halong

Volvemos a tener un duro camino hasta la bahía de Halong, lo que nos obliga  a estar en el coche a las siete y media. Salimos de Hanoi, a lo que debe ser hora punta, y podemos apreciar el caos que eso significa en esta ciudad. Atravesamos el río Rojo, llamado así por el color de sus aguas, más bien ocres que rojas, pero bueno.  Tras una parada técnica para reponer fuerzas, llegamos pronto a la bahía de Halong y nos da tiempo a pasar primero por una fábrica-criadero de perlas cultivadas. Interesante.

Nos explica nuestro guía que hay 1969 islas en la bahía, y una de ellas (precisamente de la que sale nuestro crucero y muchos más), que antes era solo de monos, ahora tiene dueño y se está forrando en este país "socialista".  

Una barca nos lleva a nuestro barco crucero, “V Spirit Classic”. Somos 17 pasajeros: una pareja de recién casados de Croacia, tres profesoras mayores de Malta, una pareja joven de Irlanda, dos mujeres australianas de mediana edad, tres estudiantes australianos, un australiano mayor que viaja solo, y nosotros. Nos asignan nuestro camarote (no. 105), que nos impresiona bastante: dos camas, mesilla de noche, ventana, baño con ducha y aire acondicionado.
Después de comer salimos a ver una cueva en una de las islas y pasamos una hora y media dentro de ella.  Hay unas formaciones preciosas, curiosas.  Se observa en una zona de la cueva que penetra el sol y nos cuenta el guía que  el agujero es producto de los bombardeos durante la guerra, ya que los guerrilleros se ocultaban en su interior.
Luego nos ofrecen “playa” para quienes quieran (nosotros no).   Nosotros preferimos quedarnos en el barco, aprovechando la cubierta y disfrutando del “happy hour” (tres bebidas por el precio de dos). 

Entre las comidas y cenas que hacemos en el barco tenemos ocasión de conversar casi con todos los pasajeros que han ido pasando por nuestra mesa: la pareja de mujeres australianas que nos dejan con la duda de si son amigas o algo más, la pareja croata de recién casados, muy pijos los dos pero simpáticos, los tres chavales australianos que nos llama la atención que, siendo tan jóvenes, tengan capacidad económica para un viaje así, las tres profesoras (del gremio) de Malta, alguna de ellas disfrutando de su jubilación.

Desde el barco salimos en una embarcación más pequeña para recorrer la bahía y acercarnos a alguna de sus islas, una de ellas plagada de monos. El paseo es una gozada, la temperatura agradable y el paisaje espectacular.  Las formaciones rocosas de las islas parecen diseñadas por un gran artista plástico. 

Volvemos al barco y pasamos un rato de relax en la cubierta, disfrutando de nuestros últimos momentos de este paisaje tan único. Después de la cena nos ofrecen la posibilidad de pescar cangrejos desde la cubierta. Muchos lo intentan, pero nadie lo consigue.

Dormimos fenomenal y por la mañana, después de un estupendo "brunch", desembarcamos y nos volvemos a Hanoi.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Sapa y las cataratas de Cat Cat

Hoy nos toca levantarnos muy temprano, pues hay seis horas de camino a Sapa, ciudad del norte de Vietnam, cerca de la frontera con China y a 1.600 metros de altitud.

La ciudad --agradable, tranquila y bastante turística-- está llena de mochileros, ya que es un sitio ideal para hacer trekking, algo que también haremos nosotros, aunque de forma tranquila y tan solo de tres horas.

El camino a Sapa, que al final es de cinco horas y media --entre otras cosas porque no consigo que el conductor supere los 80 km/h, a pesar de que se puede ir a 100--, es espectacular, sobre todo la segunda parte de subida a la ciudad. Campos de arroz, plantados en bancales que forman terrazas rectangulares, plataneras, árboles frondosos y algún cementerio junto a los campos de arroz.

Desde la ventana de nuestro hotel tenemos una maravillosa vista de la ciudad y las montañas que la rodean. Después de la algarabía de Hanoi, esta ciudad rezuma paz y sosiego. No me extraña que sea elegida por muchos turistas que, huyendo del ruido, se acerquen a este lugar en busca de tranquilidad.

Tenemos previsto quedarnos un día más en Sapa para poder pasear por sus arrozales y acercarnos a las cataratas Cat Cat.

Así lo hacemos, y lo cierto es que el paisaje es precioso. Estos campos de arroz nos recuerdan mucho a los que vimos en China, sobre todo en la zona de Dazhai.

En el paseo nos acompañan mujeres de la etnia
H´Mong que se enrollan con nosotros en inglés, haciéndonos preguntas tan directas como qué edad tenemos, si tenemos hijos...A la vez intentan vendernos sus artesanías. Curiosamente hablan un inglés muy aceptable que han aprendido, según nos dicen, de sus hijos que lo aprenden en la
 escuela. El paseo nos permite ver las casas de los campesinos, los gallos, cerdos, gallinas y hasta algún búfalo.

Tras atravesar un puente colgante, llegamos al pueblo de Ta Van, habitado por la minoría Zay, con una fuerte cultura china.  Seguimos paseando a través de un bosque de bambú hasta Giang Ta Chai, pueblo de la minoría étnica Dao rojo.
Terminamos nuestro paseo acercándonos a las cascadas de Cat Cat, absolutamnete impresionantes. No tienen nada que envidiar a otras cascadas más famosas que he tenido ocasión de ver.

Ya de vuelta en la ciudad aprovechamos la tarde para subir al monte Hamrong,- más de 300 escalones- para ver Fansipan, el punto más alto de Vietnam.  El camino es precioso y la vista desde el mirador fantástica. Bajamos conforme se está haciendo de noche, lo que nos crea algún problema ante lo accidentado del recorrido, y damos un largo paseo por la zona de Sapa que aún no habíamos visto y que detectamos desde el mirador.

No se debe visitar Vietnam sin acercarse a Sapa y alrededores. Vale la pena.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Llegamos a Hanoi

Nos levantamos muy pronto y volamos para Hanoi, via Bangkok, ya que no hay vuelo directo desde Chiang Mai.

Vietnam es, desde hace años, uno de los países que más me apetecía conocer. Primero porque todas las referencias que tenía de amigos que lo habían visitado eran excelentes y también - para las personas como yo que habíamos crecido "luchando" contra la guerra de Vietnam- para conocer cómo había evolucionado después de la unificación.

Llegamos a Hanoi y nos sorprendió la multitud en la calle, la algarabía, el ruido. Lo primero que hizo nuestro guía fue enseñarnos a cruzar la calle. Lo hacíamos cogidos de la mano y sin dar jamás un paso atrás. No era fácil, incluso para un madrileño como yo, poco adepto a las normas y acostumbrado a cruzar por cualquier sitio.

Las calles de Hanoi son de las motos, no solo las calzadas sino también las aceras donde están aparcadas, Se anda sorteando motos, unas veces en movimiento y otras paradas, pero siempre se camina entre ellas. Motos que sirven para todo: llevar a cinco personas como la de la foto,o transportar todo tipo de objetos por voluminosos que sean, como colchones o auténticas montañas de cajas.

El programa incluía una vuelta en bicicleta -no conducida por nosotros sino por un musculoso joven (o no tan joven) que podía con nosotros sentados en un carrito detrás.  Este paseo nos permitió hacernos una idea de toda la ciudad, especialmente su parte antigua. Pudimos ver los bonitos edificios oficiales, el teatro, el museo nacional de Bellas Artes, el lago  - por el que en otro momento, dimos un estupendo paseo.

Más tarde, y ya por nuestra cuenta, nos acercamos a la catedral -construida por los franceses al estilo de Notre Dame de Paris- que estaba iluminada, al pie de una enorme montaña que parecía querer protegerla.

Me llamó la atención (y ésta fue una constante en todo el país) la escasa presencia de policías en las calles, a pesar del barullo que las dominaba.

Este primer día en Vietnam nos sirvió para comprobar la amabilidad de sus gentes y nos abrió el apetito para continuar con nuestro viaje.









sábado, 12 de diciembre de 2015

Reflexiones sobre Tailandia

Diferentes aspectos de mi viaje a Tailandia me han llamado la atención y me gustaría resaltarlos:

- La amabilidad de sus gentes. El trato que hemos recibido en todas partes ha sido excelente: en los hoteles, restaurantes y taxis, o por la calle cuando hemos necesitado algo. Siempre nos han ayudado. Ese gesto -juntar las manos a la altura del pecho y bajar la cabeza en forma de saludo- tan frecuente, es una buena representación de la amabilidad del pueblo tailandés.

 - Su nivel de desarrollo. Bastantes coches, no solo en las grandes ciudades, buenas carreteras y buen servicio de wifi en todos los hoteles. Vimos muchos detalles que acreditaban un nivel relativamente alto de desarrollo, entre ellos, por desgracia, la contaminación en Bangkok. Como era de esperar, hubo hasta carteles publicitarios de Cristiano Ronaldo.

- La religión. Está muy presente en la vida cotidiana. Hemos visitado numerosos templos y pagodas y y en todos ellos hemos visto a fieles rezando y haciendo ofrendas y donaciones. También hemos comprobado el poder de la religión en el lujo que dominaba y el color dorado que prevalecía en todos ellos.

- El respeto al rey. Hay fotografías del rey por todas partes, y se tiene la sensación de que lo están no tanto por obligación como por respeto y cariño a la figura del actual rey. Por lo que nos ha contado algún guía, no parece que su hijo cuente con la misma consideración.

- El papel de la mujer. Hemos visto mujeres ocupándose de muy diferentes tareas: trabajando en el campo, vendiendo en los mercados cualquier cosa que tuvieran, desplazándose por la ciudad en moto o trabajando en tiendas. Da la impresión de que la mujer está incorporada a la vida productiva y de que existe colaboración masculina en las tareas domésticas.

- La comida. Excelente, variada y muy saludable. Hemos comido en sitios muy diversos: en la calle un "hot pot" que nos costó 5$ para los cuatro o en restaurantes más occidentalizados como Casa Diverso en Chiang Mai. Siempre ha sido bastante barato para precios europeos. Nos ha encantado el "pad Thai" y no tanto el "sticky rice".

- Conducen por la izquierda, lo que, junto a un cierto caos circulatorio en general, convierten el caminar por las grandes ciudades en una aventura. Pero el carácter pacífico de los ciudadanos nos hace pensar que, a pesar del aparente desorden, tampoco se producen tantos accidentes.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Una visita a los elefantes

Volvemos a levantarnos temprano porque a las ocho tenemos que salir en dirección al templo Wat Phrathat Doi Suthep, -una hora de coche-, construido en 1383 y localizado a 1.050 metros de altura. Consta de una hermosa pagoda dorada, que contiene las reliquias de Buda. Nuestra guía nos comenta algunas cuestiones sobre el budismo: hay unos 300.000 monjes y 50.000 monjas en Tailandia.  Muchos viven de la caridad del pueblo.  Hay 227 normas de monjes; entre ellas, ser célibes. Desde el templo hay unas maravillosas vistas de la ciudad de Chiang Mai y del valle Ping.

También visitamos un invernadero de orquídeas. con unos 50 tipos diferentes de esta preciosa flor.


Nos resulta muy curiosa la forma en que se crían estas flores, con sus raíces al aire y colgadas de unos clavos. A su alrededor miles de mariposas completan el hermoso espectáculo.

De las orquídeas nos pasamos a los elefantes. Visitamos el Maesa Elephant Camp. Asistimos a un "show" en el que los elefantes hacen casi de todo lo que uno pueda imaginarse y más: juegan al fútbol, giran con su trompa un aro de "hula-hoop" e incluso pintan cuadros con una habilidad artística muy por encima de la mía. Cuadros que luego se venden por precios no precisamente baratos.

Vemos a los elefantes bañarse en un río y Karen se atreve a darles de comer unos plátanos. Empezó pelándolos pero prefieren comérselos enteros. Terminamos la visita con un paseo de una hora a lomos de uno de esos elefantes.

Montado encima es como uno se da cuenta de la envergadura de estos animales. Subir y bajar cuestas 
por caminos difíciles te confirma que son un medio de transporte seguro y eficaz. eso sí, un poco lento.

Hay unos 6.000 elefantes en Tailandia; de ellos 2.000 salvajes en el norte.  Son más pequeños que los de Sudáfrica. Comen unos 100 kgs./día y lo hacen durante 20 horas; solo duermen 4 horas.  Los elefantes en este campamento tienen entre 10 y 50 años y ya no trabajan.  Son solo para turistas.  Este animal puede vivir hasta los 70 años. 

De vuelta en el hotel aprovechamos, ya que es pronto, para dar una vuelta por la ciudad, concretamente vamos a ver el "night bazar". Para ello cogemos un taxi colectivo al que más adelante se suben tres chicos jóvenes (una chica y dos chicos). Son norteamericanos. Se dedican a la creación de páginas webs y les resulta más interesante-- y más barato-- vivir en Chiang Mai que en California. No les debe ir mal porque, siendo bastante jóvenes, nos cuentan que tienen una casa en Cuenca (Ecuador) que alquilan y otra en Los Ángeles. Ellos prefieren vivir en Chiang Mai. Ese encuentro nos produce la reflexión de que podríamos hacer algo similar; con nuestra pensión viviríamos como reyes en este país.

Después de un buen paseo por el pueblo decidimos cenar en un restaurante que había visto en Trip Advisor como el mejor de la ciudad. Después de perdernos bastante, conseguimos encontrarlo: Casa Diverso. Está bien, pero quizás no para compensar el esfuerzo que nos costó dar con él. Volvemos al hotel en un tuk-tuk. Somos cuatro y el vehículo tiene espacio escasamente para tres. Gabriel tiene que ir agarrado al conductor, como si fuera su amante. Nos divertimos un rato con esta anécdota.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Un paseo en barco por el río Mekong

Nos levantamos a las seis de la mañana y, tras desayunar, nos pusimos en camino hacia el Mekong donde abordamos un fuera borda típico de Tailandia: un "long tail boat" o barco de cola larga. Se trata de un barco tradicional de madera, que puede medir desde tres metros hasta 30, al que le han añadido un motor de coche o camión. Como el motor no se puede incorporar al casco, por no ser muy profundo, va anclado en un extremo del barco, como un fuera borda, y unido a una larga hélice que le permite pilotar sin necesidad de timón. Son extremadamente populares en Tailandia y un invento muy práctico, pues evita el trabajo de remar y se adapta perfectamente a la escasa profundidad de muchos ríos tailandeses.

Se utilizan frecuentemente como taxis o barcos de paseo, como el que dimos nosotros.

El barco nos llevó hasta la tribu Karen que habita en las orillas del río y se dedica a la elaboracion de artesanías y al entrenamiento de elefantes para el trabajo en la selva.

Tras el maravilloso paseo por el río, con ese ambiente tranquilizador que se respira atravesando sus aguas, nos recogió de nuevo nuestro coche y nos dirigimos hacia el templo "Blanco". una creación arquitectónica que podría haber salido de un estudio Disney.

En una primera impresión recordaba a nuestro Gaudí, pero en hortera, aunque visto más de cerca era una especie de tarta de chocolate blanco con forma de iglesia. Estaba diseñada por un reconocido artista tailandés, Rohn Khun, que quiso dejar su impronta personal en este templo.

Recuperados de la impresión, volvimos al coche para un camino precioso de tres horas por las montañas que nos conduciría a Chiang Mai.

Aprovechamos el recorrido para visitar un taller de artesanias, especialmente de trabajos en seda, que me impresionó muy gratamente. Pudimos ver todo el proceso que va desde el gusano de seda hasta las telas multicolores o los cuadros tejidos en seda: el trabajo de meses del artista.

También atravesamos poblados donde pudimos apreciar la vida de los campesinos, sus campos de arroz y sus animales domésticos --gallos, gallinas, cerdos--, sus condiciones de vida.  Casas levantadas sobre pilares con una sola habitación, sin camas, sin colchones (suelen dormir sobre el suelo o una esterilla), con una cocina exterior mínima.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

El río Mekong y la ruta del opio

Abandonamos temprano Chiang Rai para dirigirnos al poblado de las mujeres jirafa, en la frontera con Myanmar. Se trata de las "padaung", parte de la tribu Karen, una de las minorías étnicas de Myanmar compuesta de 7.000 miembros y perteneciente al estado Shan.  Durante la década de los 90, como consecuencia de los conflictos militares en Myanmar, una parte emigró a Tailandia donde se convirtió en un espectáculo turístico.

Las mujeres, desde los cinco años, llevan unos anillos de latón alrededor del cuello.  Esto produce la sensación óptica de alargar el cuello, aunque lo que en realidad hacen es presionar la clavícula hacia abajo debido al peso.

Conforme recorría el poblado me fue invadiendo la indignación.  Estas niñas, con el cuello lleno de anillos y trabajando sin parar, se han convertido en un bochornoso espectáculo. Al salir del poblado me encontré con un grupo de tres chicas, creo que australianas, que se negaban a entrar y formar parte del circo. Debería haber hecho yo lo mismo.

De allí nos fuimos a Mae Sai Town, el punto más septentrional de Tailandia, frontera con Myanmar. Allí recorrimos un mercado local, sorprendente tanto por su colorido y diversidad como por los productos, muchos de ellos desconocidos para mi, que ofrecían. A lo largo del viaje vimos muchos mercados (siempre una referencia obligada al visitar cualquier país), cada uno de ellos diferente del anterior y todos interesantes. Los pueblos predominantemente agrícolas, como lo son los que he visitado, centran su vida en los mercados, donde acuden a vender lo que producen y a comprar, si es que pueden, lo que van a necesitar.


Continuamos el camino hacia el llamado "Golden Triangle", el triángulo dorado, centro de la ruta del opio, y frontera de Laos, Myanmar y Tailandia. El río Mekong, por el que dimos un maravilloso paseo, hace de frontera entre los tres países. Hicimos una parada en Laos, lo que nos permitió conocer, aunque fuera muy brevemente, este país. Conocerlo, como casi siempre, a través de un mercado local situado en la misma orilla del río.

A continuación visitamos un interesante museo del opio.  En el se relataba la historia del origen del opio en estas tierras, de como fue traído por los ingleses y se convirtió posteriormente en motivo de turismo, de guerras y conflictos sangrientos. Las ganancias que se producían con su comercio dio lugar a la conocida ruta del opio que comenzaba en este lugar.  En el museo estaban expuestas las diferentes tipos de pipas utilizadas para fumarlo o los variados medios de transporte imaginados para su ocultación a los gendarmes.

El paseo en barco por el Mekong nos dio la tranquilidad para finalizar otro día duro de turismo.







martes, 8 de diciembre de 2015

Ayutthaya, ciudad imperial

Salimos temprano para Ayutthaya, a 76 kilómetros al norte de Bangkok.

Ayutthaya fue una de las ciudades más prósperas de Indochina y actualmente sus ruinas están consideradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Aunque las estructuras originales datan del siglo XVII, la mayoría de ellas fueron destruidas y reconstruidas por el rey Rama V en el siglo XIX. Se trataba de su residencia de verano y un paseo por el lugar nos confirma su belleza y excelente elección.

Resulta curiosa la mezcla de estilos que se observan en los diferentes palacios. Uno de ellos, el Wehat Chamroon, es de estilo chino -construido enteramente con materiales traídos de China- mientras otro lo podíamos encontrar en cualquiera de las ciudades italianas.La mezcla se completa con otro palacio de típico estilo tailandés. Lo que se refleja, paseando por tan majestuoso lugar, es el poderío de las dinastías reales en este país. 

Después de disfrutar de la belleza del paisaje, de los extraordinarios palacios, de los estanques llenos de flores de loto y de la tranquilidad del lugar,  los reyes europeos, incluso los más absolutistas, me parecen meros aprendices frente a la grandeza y el lujo de estas dinastías asiáticas.

Visitamos el Wat Phra Si Sanphet, el templo más importante de Ayutthaya. Estaba lleno de fieles. Todos arrodillados y besando el suelo; en su mayoría hombres. Un monje en un lateral salmodiaba versos mientras el resto agachaba la cabeza. En un momento dado, todos se fueron cubriendo con una especie de largas sabanas naranja, mientras seguían rezando.

 El carácter religioso del pueblo tailandés es otra de las sorpresas que nos ha proporcionado el viaje. Hemos visitado muchos templos y pagodas (aún sigo sin saber bien la diferencia entre uno y otro, aunque me consta que existe); y, en todos ellos hemos visto a gente corriente rezando, presentando ofrendas, quemando incienso y entregando dinero.

Parece, visto muy desde fuera, una religión tranquila, basada en la búsqueda de la felicidad terrenal y promotora de buenas obras y acciones que se pueden recompensar.
A lo largo del viaje comprobaremos que, como todas las religiones, ha sido la disculpa para conseguir poder y machacar al contrario. Hinduístas y budistas han guerreado durante siglos en esta zona del mundo.

Terminamos nuestro día volviendo al aeropuerto de Bangkok para coger un vuelo hacia nuestro próximo destino: Chiang Rai.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Adeu Catalunya, welcome Tailand

El pasado 13 de noviembre salí de vacaciones, como ya os anunciaba, con destino a Tailandia, Vietnam y Camboya.

El "no tranquilo" de la CUP a Mas y los juegos de salón protagonizados por los independentistas catalanes habían colmado mi paciencia en los últimos días. La boina que recubría la ciudad animaba mis deseos de salir corriendo de aquí.

Contaminación atmosférica y contaminación política me confirmaban que, sin saberlo previamente, había elegido unas fechas apropiadas para ausentarme una temporada de este "maravilloso" país.

La primera etapa del viaje fue Doha. Conocí su lujoso aeropuerto por el que deambulaba mucho burka negro y entreví, tamizada por el polvo del desierto, una ciudad de rascacielos, semejante a esas ciudades de ciencia ficción que podríamos ver en una película de Spielberg.

Después de siete horas de vuelo y un breve descanso, volví a coger otro avión que me llevaba a Bangkok. Un avión especialmente moderno, enorme - con más de 80 filas- y más cómodo de lo habitual. Otras siete horas de vuelo, que dan para mucho: ver películas que no te importa ver por enésima vez, como "El sueño eterno" de Humprey Bogart y Lauren Bacall, cine, música, lectura y algún que otro bocado a lo que nos iban trayendo. Así llegamos a Bangkok.

Otro mundo, otra cultura, otra civilización. Vuelta a la vida en la calle, al ruido, al tráfico descontrolado, a los puestos callejeros, a la gente comiendo en la acera, sentados en sillas minúsculas -apropiadas a su pequeño tamaño-, a la humanidad, a los seres vivos en movimiento.

Nada más llegar y dejar las maletas en el hotel, muy céntrico, nos dimos un paseo en el que comprobamos que habíamos abandonado Catalunya pero no la contaminación. Deambulando sin rumbo, nos encontramos con el río que atraviesa la ciudad y con un servicio de autobús-barco que lo recorre.  Aprovechamos para montarnos.

Fue un paseo espectacular. El sol se fue ocultando y aparecieron las primeras luces que iluminaban el río y los edificios colindantes. El barco cruzaba de un lado a otro parando en las estaciones donde se subía y bajaba la gente. Nosotros decidimos llegar hasta el final del trayecto, donde bajamos para echar un vistazo a la ciudad. La vuelta, para cambiar, la hicimos en taxi, recorriendo el mismo camino por el interior.

Terminamos el día con una estupenda cena tailandesa, no muy picante, en un restaurante popular.