sábado, 30 de marzo de 2013

De vuelta a casa

Tras tres semanas en Estados Unidos, país del que he ido dejando impresiones en este blog, estoy de nuevo en casa. Uno de los alicientes que tienen los viajes, al menos para mí, es la vuelta al hogar, a la rutina de siempre, a las costumbres --que pueden ser buenas o malas, pero que son tuyas y, en consecuencia, te gustan. Volver a tu cama, y sobre todo a tu almohada, a tu café de las mañanas (por cierto, qué malo es el café en Estados Unidos), a tu sillón, a tu mesa de trabajo, a tu silla, a la que a fuerza de usarla, te has acostumbrado.

Salir a la calle y reconocer el paisaje, cruzarte con los vecinos de siempre, aunque algunos no te caigan muy bien, y volver a tu frutería y a tu supermercado, donde sabes dónde está cada cosa. Recuperar los olores, los colores que siempre te han rodeado, ese árbol que ves desde tu ventana mientras escribes.

No es que mientras estoy de viaje eche de menos todo esto: al contrario, me gusta viajar y disfruto con lo nuevo, con las sorpresas que un viaje siempre me depara, aunque reconozco que la vuelta nunca me apena.

Pero volver a casa es también volver a este país, del que durante tres semanas poco o nada he leido o escuchado. Y es volver a oir y ver las mismas desventuras, como la de ese malnacido llamado Bárcenas que sigue paseándose como si nada de lo que se habla fuera con él, con esa jeta desafiante y esa sonrisa --cuando no "peineta"--, con la que manifiesta su desprecio a la ciudadanía. ¿Es tan difícil que un juez le meta en la cárcel, aunque solo sea para no tener que verle todos los días en la tele y en los periódicos?

Hablando de jetas, está la de ese Urdangarín, que esquia en Baqueira Beret con su amada Cristina, mientras muchos ciudadanos son echados de sus casas y otros lo pasan canutas para llegar a fin de mes. Y mientras, esa monarquía --que no nos olvidemos: fue Franco quien nos la colocó-- mira para otro lado como si el asunto no fuera con ella, consiguiendo así que su desprestigio aumente cada día.

Y si hablamos de desprestigio, ¿qué decir de los ERE en Andalucía?  Resulta ahora que los protagonistas principales de la estafa a los ciudadanos que supone malversar fondos públicos, son un gañán, antigüo sindicalista de UGT, un borracho que, conforme visitaba las diferentes tabernas, recogía los sobres, y un "camello" que les proporcionaba la droga. ¿No tiene el PSOE nada que decir ante esto?  Alfredo, ¿crees que mirando para otro lado vas a parar el desprestigio que sobre tu organización está trayendo este y otros desaguisados?

La vuelta a casa también me ha traido alguna novedad. He aprendido una nueva palabra: escrache; palabra que me ha dado alegría, que me ha mostrado la otra cara de este país, la de los ciudadanos que no aceptan tanta desvergüenza y se rebelan contra ella. Ahí es donde tenemos que estar todos, apoyando esos escraches, a pesar de las palabras de la Sra. Cifuentes, calificando de violentas estas acciones. Eso no es violencia, señora deslenguada del gobierno; violencia es que la policía nacional saque a rastras de su casa a una familia. Los ciudadanos tenemos el derecho a increpar a nuestros políticos cuando no nos representan. Y lo seguiremos haciendo.

Muchas gracias.

domingo, 24 de marzo de 2013

Radiografía de Estados Unidos

Esta mañana, mientras organizaba nuestras pertenencias para hacer las maletas --ya que en unas horas estaremos volando hacia España--, me he dado un respiro para leer por última vez "The Washington Post". Una de las noticias, resaltada en su portada, me va a servir para ofrecer una mirada de despedida a este país.

El periódico hacía un análisis de los datos que el U.S. Center for Disease Control and Prevention proporcionaba sobre el número de muertes por arma de fuego por cada millón de habitantes. Los datos son muy reveladores sobre la realidad americana:
  • Los blancos son más proclives a matarse ellos mismos mientras que los afroamericanos lo son a ser matados por otro.
  • La probabilidad de que un blanco se suicide es cinco veces mayor que la de morir por un disparo de otro; mientras que por cada afroamericano que se suicida cinco han sido asesinados.
  • Las muertes por armas son mucho más probables en las zonas urbanas mientras que en las zonas rurales lo más probable es el suicidio.
  • Los Estados con más armas per cápita, como Montana y Wyoming, son los que tienen índices más altos de suicidios, y los que tienen los índices más bajos de armas per cápita, como Massachusetts y New York, tienen también los índices más bajos de suicidios.
Ante esta situación, que refleja bien el lugar del racismo en esta sociedad, resulta esclarecedora la respuesta que se da a la pregunta: ¿Está a favor, o se opone, a las leyes que regulen un estricto control sobre las armas en este país?  El 78 por 100 de los negros está a favor y tan solo el 48 por 100 de los blancos lo está.

A esta sociedad le queda aún mucho, a pesar de su presidente negro, para que el racismo no sea un problema y todos sus ciudadanos tengan las mismas posibilidades de sobrevivir.

Muchas gracias.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Misceláneas americanas

Caleb Gordley, un joven de 16 años, había quedado el sábado en asistir a una fiesta con sus amigos. Cuando quiso salir sus padres no se lo permitieron porque tenia su cuarto muy desordenado. Pero como tenía muchas ganas de ir, decidió saltarse la prohibición y se lanzó desde su ventana a la calle.

Esa misma noche, a las dos de la mañana, volvía a su casa para entrar en ella por el mismo procedimiento. Sin embargo, debido a que venía bastante bebido, se equivocó de casa, y entró en una situada dos puertas más allá, que obviamente era muy parecida. El dueño de la casa, al oír ruido en su interior, cargó su pistola y se fue a comprobar qué pasaba. Se encontró con el chico --a quien, a pesar de ser vecinos, no conocía--, le dio el alto y, cuando no reaccionó, disparó y le mató.

La familia no entiende cómo un chico que se portaba normalmente bien (deportista y buen estudiante), podía haber cometido ese error fatal. Yo lo que no entiendo es que el vecino tuviera un arma y que la disparara con tanta facilidad.

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James Oliver, estudiante de la University of Central Florida en Orlando, llenó de explosivos su mochila, cogió dos pistolas y abundante munición y tiró de la alarma de incendios del colegio mayor en el que residía. Su intención, según notas encontradas por la policía, era sacar al exterior a los 500 estudiantes de la residencia para poderles matar con más facilidad.

Sin embargo lo encontraron muerto en su dormitorio. La policía no ha explicado demasiado bien las circunstancias de la muerte, solo que se había suicidado con un tiro en la cabeza.  ¿Qué hacían en la habitación de un estudiante dos pistolas y toda esa munición?, me pregunto yo.

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Harry M. Reid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, declaró ayer que daba por finalizados sus esfuerzos para conseguir una ley que prohíba la venta de fusiles de asalto de carácter militar. Era una de las medidas propuestas por Obama para controlar la venta de armas. La razón del abandono de la iniciativa es la imposibilidad de conseguir los votos necesarios para su aprobación. "Utilizando la previsión más optimista, se obtendrían 40 votos y no los 60 que se necesitan", señaló Reid.  Los demócratas tienen mayoría en el Senado: 53 senadores.

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Esto también es Estados Unidos.

Muchas gracias.

martes, 19 de marzo de 2013

Este país a veces me sorprende

Ayer, en mi vuelo desde San Francisco a Washington --mi último destino antes de volver a Madrid--, me entretuve en leer el San Francisco Chronicle. Entre las noticias hubo una que me llamó mucho la atención y que me gustaría comentar. La titulaban "Dos héroes que reflejan tradiciones opuestas" y contenía dos grandes fotos de Chávez y del nuevo Papa Francisco. Juntar a Chávez con el Papa me pareció suficientemente sugestivo como para seguir leyendo el artículo.

El articulista, Héctor Perla, profesor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Santa Cruz, describía al Papa como un líder religioso que había sabido compaginar una actitud de rechazo de la dictadura militar con un mirar para otro lado con los casos de pederastia surgidos en su propia diócesis. Asimismo tenía un discurso de acercamiento a los pobres, "adoptando una fachada de la teología de la liberación envuelta en las trampas de humildad, caridad y compasión con los pobres, pero sin ningún compromiso para transformar las causas de esa pobreza y desigualdad".

Chávez, por el contrario, era descrito como alguien que también invoca el nombre de Jesús, pero que hizo todo lo posible por cambiar las relaciones sociales que producen las desigualdades y la pobreza; "Chávez mantenía la concepción radical de que los gobiernos latinoamericanos  deben gobernar para beneficio de la mayoría pobre del continente".

Me llamó mucho la atención, y tengo que reconocer que me sorprendió bastante, leer en un periódico norteamericano una visión sobre el papel desempeñado por Chavez --y lo que esto significa como corriente popular en el continente americano-- que nunca había leído en un periódico español. Reconozco que inmediatamente me vinieron a la mente los intereses que los grupos editoriales españoles --sobre todo los más potentes, tipo PRISA-- tienen en América Latina.

No hay duda de que estos dos personajes son bien representativos de dos corrientes, con amplio respaldo popular, sobre cuál debe ser la relación con la injusticia y la pobreza: la de la Iglesia, que se acerca a ella, pero jamás indaga en las razones que la producen (en esto los jesuitas son unos expertos) y la de aquéllos, que, equivocados o no, van a las raíces y procuran cambiar las cosas.

Dada la importancia que Chávez y sus regímenes amigos han adquirido en el continente, el artículo terminaba   así: "Es el momento de que reconsideremos en qué lado están mejor representados los ideales e intereses de Estados Unidos". Curioso.

Muchas gracias.



jueves, 14 de marzo de 2013

"Shopping" en Estados Unidos

Una de las maneras más realistas de definir a Estados Unidos es como "el país de las compras".  Es, sin duda, el paradigma de las compras, la sociedad más consumista que he conocido. En España solemos decir que hay más bares que calles y en Estados Unidos diríamos que hay más tiendas que personas. Vayas a donde vayas, vivas donde vivas, siempre existe un "mall" cerca.

Los "malls" (grandes centros comerciales) son el nucleo de la vida americana. Si uno tiene ganas de darse un paseo se va a un "mall". Puede comprar o no, la mayoría de la gente me temo que compra poco, pero siempre queda la opción de mirar (no te cobran por ello), de ir al cine --que suelen estar en los malls-- o de comer en las zonas habilitadas para ello. Por cierto, es frecuente que veas las tiendas vacías y las zonas de comida llenas.

Hay una gran diversidad de "malls" y de tiendas, según donde estén ubicados. Hoy, por ejemplo, paseando por el centro de San Francisco, me he encontrado con una de las tiendas en las que para comprar algo tienes que pedir cita previa. No se puede entrar sin "hora". Son las tiendas elitistas, evidentemente, y con productos muy caros.

Existen otras tiendas, como Abercrombie & Fitch, en las que la originalidad la consiguen por otros medios. Cuando entras en una de estas tiendas parece que estás en una discoteca: ambiente oscuro, luces indirectas, música "chill out" y chicos y chicas guapas y acogedoras. El ambiente es muy agradable, todo te empuja a comprar, pero si tienes alguna duda sobre dónde encontrar algo que necesites, no se lo preguntes a ninguna de las chicas y chicos guapos que trabajan allí, pues no tienen ni idea. Parecería que están empleados para orientarte, pero no, están para exhibir su belleza y nada más.

Si caminas unos pasos más en el "mall" puedes encontrarte con el reverso de esta moneda: Sears, por ejemplo. Una gran superficie destartalada, donde suelen ir a comprar las personas con menos recursos y donde, si encuentras algo que te gusta, puedes tardar una hora en conseguir pagar; hay pocos dependientes y la inmensa mayoría (creo que deben exigirlo a la hora de darles el trabajo) tiene un coeficiente intelectual bastante bajo. O un CVS donde te puede tocar esperar media hora en la caja porque una clienta esté haciendo gestiones que nunca tienen fin. A veces me pregunto cómo pueden funcionar estos grandes almacenes con personas así, pero luego comprendo que probablemente sea la manera de hacer negocio, pues los salarios que pagan a estas personas son bien bajos. Y aun así en las grandes superficies más de batalla, ya están sustituyendo a estos empleados por máquinas para que cada uno gestione su pago. ¡Mucho más barato aún! y probablemente más eficiente.

Total, que os recomiendo, cuando estéis en Estados Unidos, que vayáis de compras, no tanto para que compreis --aunque muchas veces hay cosas interesantes-- como para que os deis un paseo por los "malls". Es una buena manera de conocer la sociedad y la cultura norteamericana.

Muchas gracias.

martes, 12 de marzo de 2013

California, la Bella

Sentado alrededor de una mesa de hierro forjado, bajo la sombra de un viejo roble del que cuelgan jirones de lo que aquí llaman "musgo español", semejando el llanto lento y dolorido del propio árbol, mis amigos americanos me preguntan por la situación en España. La preocupación es grande en todos ellos, que aman a España y lamentan su tragedia. Yo trato de explicarles lo que no consigo entender y les transmito mi tristeza y desasosiego por el camino tan duro y difícil que llevamos.

Estamos en Monterey, tomando un vino español que me he preocupado de llevar, y disfrutando de la compañía, de la excelente temperatura a mediados de marzo y del precioso paisaje que esta zona de Estados Unidos nos ofrece. Hablando de España en Monterey, surge el tema de la herencia española en este país. Les insisto en algo que he dicho en repetidas ocasiones, sobre todo cuando vivía aquí, que el pasado de España en este país está olvidado, oculto como si fuera algo que no conviene recordar. Mucho Mayflower, mucho Thanksgiving, mucho St. Patrick's´Day y muy poco de los primeros pobladores españoles de este país, anteriores a los famosos del Mayflower, que vinieron desde lo que hoy es México.
Monterey, San Leandro, San José, Cabrillo, San Antonio... y cientos de nombres españoles que recorren los pueblos y ciudades del sur de Estados Unidos, California, Arizona, Nuevo México o Tejas, son suficientes razones para acordarse de la herencia española.

Hoy hemos estado en Carmel, famoso sobre todo porque tuvo a Clint Eastwood como alcalde.  Hemos recorrido el valle del río, hemos bajado hacia el Big Sur y hemos disfrutado de las diferentes perspectivas que el Pacífico nos ofrecía: espectaculares acantilados, playas con dunas, árboles --especialmente cipreses-- modelados por el viento con formas que difícilmente podría emular un gran escultor, laderas agrietadas por el viento conformando caprichosas formas, parques espectaculares convertidos en lugares protegidos.  En definitiva, belleza en cada rincón, en cada lugar en el que la vista descansa. Belleza es lo que uno se encuentra recorriendo California; una belleza, además, a la que nuestros ojos de españoles no es ajena pues tiene mucha similitud con nuestro paisaje, sobre todo el del norte. Por si el tema de la herencia lo hubiéramos olvidado, terminamos el día en la Misión de Carmel, una de las veinte misiones que los franciscanos dejaron de sur a norte de California, en el llamado Camino Real.

La primera vez que visité Estados Unidos, hace ya más de treinta años, estuve en California y me impresionó tanto como ahora. Siempre que vuelvo revivo esas sensaciones de placer, de belleza conocida, de mar que te atrae, de verde insultante que te domina. En aquella ocasión continué mi viaje hacia el sur y traspasé la frontera mexicana, visitando la Baja California, la parte de la península que sigue perteneciendo a México. Recuerdo que me impactó la diferencia entre ambas Californias, ambas iguales desde el punto de vista geológico y geográfico, pues solo las separa la artificial linea de la frontera creada por el hombre y, sin embargo, qué distintas: una un vergel, rica y llena de vida, y la otra un desierto, bella, pero muerta. En aquel entonces esa era la frontera con mayor desigualdad del mundo --desigualdad originada exclusivamente por la acción humana.  Hoy esa frontera horrible la tenemos en España y es la que separa nuestro país de Marruecos y, detrás de todo, Africa.

Disfrutando de la belleza que hoy me ha proporcionado ese corto viaje por California, no he podido menos que pensar en nosotros, en la especie humana, tan capaz de crear lo mejor y lo peor. ¿Seremos capaces alguna vez de crear solo lo bueno?

Muchas gracias.




sábado, 9 de marzo de 2013

La prensa en Estados Unidos

Desde que llegué a este país el pasado domingo he leído todos los días "The Washington Post", lo mismo que hacía cuando viví una temporada en esta ciudad. Y lo mismo que me ocurría entonces me vuelve a ocurrir ahora: me cuesta trabajo adaptarme a los periódicos americanos.

Son realmente muy diferentes a los que estamos acostumbrados a leer. Para empezar la mayoría de ellos no vale la pena leerlos porque la información que aportan es prácticamente nula o sin interés. No ocurre eso con "The Washington Post", pues es uno de los periódicos más prestigiosos de este país.

Lo primero que te llama la atención cuando tienes en tus manos un periódico norteamericano es su formato: suelen ser muy grandes, una especie de sábana, nada manejable, en un papel malo y una impresión que te mancha las manos de negro.

Una vez que uno se adapta al formato, a base de doblar el periódico por sitios incomprensibles, se enfrenta uno a los titulares. El modo de titular es muy peculiar. No se suelen hacer frases sino palabras que unidas te dan la idea que quieren transmitir. Si tu dominio del inglés no es perfecto no suele ser fácil entender esos titulares. Esa forma de titular se ha extendido por toda América, pues recuerdo tener un problema parecido con periódicos de países iberoamericanos.

Las noticias siempre se procura personalizarlas, lo cual me gusta. Lo que se escribe siempre lo dice alguien, si la noticia está en una escuela se pregunta a personas de la escuela para que la cuenten. Es un periodismo con la mirada siempre puesta en las personas y con la información siempre concreta. Eso sí, la información más importante es la más cercana al lector. Traen siempre mucha información local y próxima al ciudadano.

Resulta interesante leer la información internacional, pues refleja claramente dónde están los intereses de Estados Unidos. Siempre hay, todos los días, una noticia de Israel (no necesariamente del conflicto palestino, sino de Israel), mucha información de los lugares donde los americanos están implicados, Afganistan, Irak, Irán... bastante información de los países del Pacifico, y especialmente de China. En contraposición poca información sobre Europa y ya no digamos sobre España.

Por cierto, en estos días si que hablaron de España, incluso le dedicaron una editorial de las dos que publican cada día. Pero no era para hablar de la corrupción, ni de la economía sino de las declaraciones que había hecho Carromero. Realmente no hablaban de España sino de Cuba, uno de los temas frecuentes en la prensa de aquí. Y utilizaban las declaraciones de Carromero para poner a parir el régimen cubano y exigir una comisión internacional que investigara la muerte de los disidentes cubanos.

Supongo que un americano que se ponga a leer la prensa española estaría tan desorientado como yo cuando leo la americana. Lo cual me lleva a una reflexión sobre la poca objetividad de la prensa, su dependencia de los intereses de cada país, y más que del país, de un grupo muy particular que siempre coincide con los poderosos.

Muchas gracias.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Escenas americanas

Si uno se subiera a un avión sin saber adónde va, porque se supone que el destino es una sorpresa que le quieren dar, nada más pisar el aeropuerto, sabría si está en Estados Unidos. Los aeropuertos americanos son inconfundibles. Dos son, en mi opinión, las características que les hacen especiales. La primera es visual y tiene que ver con el volumen de las personas con las que te cruzas. No hay sitio posible en el mundo en el que uno pueda ver más gordos y gordas por metro cuadrado, y si encima se trata de un aeropuerto del sur americano, tipo Atlanta o Nashville, es que no ves otra cosa. La segunda característica tiene que ver con el olfato: en ningún aeropuerto es posible sentir con tanta intensidad ese olor dulzón, mezcla de ketchup, mostaza y canela, que produce la "fast food" de este país. Los aeropuertos americanos no son lo que parecen --lugares donde despegan y aterrizan aviones-- sino que por el contrario son enormes comedores con todo tipo de franquicias alimenticias donde también despegan y aterrizan aviones.

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Recojo mis maletas y me encamino al aparcamiento para coger el coche en el que mi hija nos llevará a su casa. Salimos del parking y vamos a pagar en la caseta de rigor: son $5 y damos un billete de $10. La señora que nos atiende tiene que contar cinco billetes de un dolar y entregárnoslos. Pasa el tiempo, la señora sigue contando, sigue pasando el tiempo, ¿sabrá contar la señora? Al cabo de 10 minutos nos entrega los cinco dolares y ¡oh, sorpresa! están bien contados. Hacia tan solo unos minutos que un policía desencarado me había pasado un extraño papel por mis manos y luego lo había introducido en una sofisticada máquina capaz, supongo, de descubrir las más aviesas intenciones. Así es Estados Unidos: convive, con más frecuencia de lo debido, la tecnología más puntera con la ineficiencia más deplorable.

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Han avisado de que mañana nevará. No será mucho, pero se espera que llegue a los diez centímetros y que se suspendan las clases. Hemos salido a recoger a uno de mis nietos y el depósito del coche esta casi vacío. Vamos a una gasolinera, donde siempre lo hacemos, y se le ha acabado la gasolina. Me quedo sorprendido, pues no es nada normal, hasta que me doy cuenta de que "mañana va a nevar". Eso quiere decir que todos los americanos han decidido llenar de gasolina sus coches y de comida sus neveras, por si acaso. Hoy ha amanecido algo nevado, pero ¿y si hubiera venido el fin del mundo?

Muchas gracias.


lunes, 4 de marzo de 2013

¡ Que duro es ser moreno !

Ayer, como suelo hacer todos los años por estas fechas, he viajado a Estados Unidos para visitar a mis hijas y nietos. Hace algún tiempo había un vuelo directo a Washington que, dentro de lo que cabe, hacía más llevadero este largo viaje. Ya no es así y, en esta ocasión, he viajado vía Filadelfia.

Después de haber sufrido todas las vicisitudes que hoy conlleva el viajar en avión, especialmente las relativas a la seguridad, o sería mejor decir "inseguridad", de estar más de ocho horas metido en un avión en una postura no especialmente cómoda, después de haber engullido --qué remedio-- algo que llaman comida, pero que por su color, olor y textura no la podríamos conceder ese nombre, desembarqué en Estados Unidos. Pasé el control de fronteras, es decir, me tomaron las huellas dactilares de los diez dedos de las manos y me hicieron una foto. Lo hacen cada vez que entro en Estados Unidos y digo yo, ¿no bastaría con que lo hicieran una vez y ya tenían la información disponible para las siguientes?

Una vez en territorio americano, cuál no sería mi sorpresa al comprobar que me tocaba empezar de nuevo todo el proceso para poder embarcar en mi avión hacia Washington. De nuevo seguridad, que significa deshacerte de todo, incluido zapatos. Pero no solo eso, pues de forma aleatoria suena un pitido que te obliga a hacer las cosas más raras. La vez pasada, por ejemplo, me cogieron los zapatos de la cinta transportadora y me los metieron en una maquina, ¿Qué buscaban? No lo sé. Una vez procesados, me los devolvieron y pude seguir viaje. En esta ocasión, me pasaron por ambas manos un papelito fino y delgado que introdujeron en una máquina y al rato me dejaron seguir. Y menos mal que en este aeropuerto no tenían otras máquinas --como de rayos-x-- que te desnudan para ver si llevas algo escondido interiormente (creo que el uso de estas máquinas está prohibido en Europa; no sé si también las han prohibido aquí).

Siempre he pensado que todo esto me pasa por ser moreno. Si fuera rubio, de ojos azules y pasaporte americano, como mi sobrina, podría entrar directamente, sin más, que acercarme a una de las máquinas que existen en todos los aeropuertos americanos destinadas a este fin: "Global Entry".

Conforme sufría todo esto, me acordé de la princesa Corinna y sus declaraciones sobre lo duro y difícil que es vivir siendo rubia. Corinna, guapa, somos unos incomprendidos.

Muchas gracias.