jueves, 27 de noviembre de 2014

Rectificar es de sabios

Menudo revuelo se ha montado por la decisión del PSOE de votar a favor de la propuesta no de ley de Izquierda Unida para anular el artículo 135 de la Constitución. Para quien se le haya olvidado, ese artículo, negociado en una noche por Zapatero y Rajoy, da prioridad al pago de la deuda (a los bancos, claro está) sobre cualquier gasto de carácter social que fuera necesario. Esa modificación de la Constitución (que hasta entonces, y también hoy, se decía y se dice inmodificable), hecha con nocturnidad y alevosía, fue, en mi opinión, una de las manifestaciones más claras de que el PSOE había perdido el rumbo, y uno de los motivos de su descalabro electoral posterior.

Cualquier intento del PSOE para recuperar la credibilidad, creo yo, pasa por rectificar ésta y otras medidas llevadas a cabo en la segunda legislatura de Zapatero. Así lo ha debido entender Pedro Sánchez al adoptar la decisión antes señalada y explicar públicamente que fue un error. Y ello, a pesar de que él fuera uno de los que cometieron ese error, votando la modificación del artículo 135 hace tres años. ¡¡Vaya sacrilegio considerar errónea una decisión de tu propio partido y que tu mismo apoyaste!!

Desde todos los ámbitos, partidos políticos y medios de comunicación, han llovido las críticas sobre Pedro Sánchez. Si votó favorablemente en 2011, ¿cómo puede ahora decir lo contrario? ¿Cómo se puede poner en duda el pago de la deuda o darle más importancia a las necesidades básicas de los ciudadanos?  Eso no es serio, nos dicen.  ¿¿¿Los mercados nos lo harán pagar???

Hay algo que no entiendo: si todos los partidos admiten que pueden cometer errores, ¿la forma de rectificar no es reconociéndolos?  Parece que debería ser así. O quizás es que dicen cometerlos pero no están dispuestos a rectificar.

Tengo que reconocer que esta decisión es la primera que me permite tener alguna esperanza (aún poca) sobre una posible regeneración del PSOE. Cometió muchos errores, y es imprescindible para ganar credibilidad reconocerlos y analizar sus causas para adoptar medidas que permitan que no vuelvan a ocurrir.

Es por ello que quiero felicitar a Pedro Sánchez, aunque tengo algunas objeciones que plantearle:

  • La medida es positiva, pero es claramente insuficiente. Es necesario realizar un análisis crítico de las etapas pasadas, tanto a nivel de funcionamiento de partido como de la labor de gobierno y oposición. Sólo una autocrítica seria favorecerá la recuperación de sus votantes.
  • Ningún brindis al sol. Esta iniciativa hay que llevarla adelante en cuanto se tenga oportunidad. Si no fuera así, la decepción sería mayúscula.
  • Ese reconocimiento de los errores cometidos debe ser el fruto de una reflexión colectiva y pública, de toda la militancia que permita marcar un nuevo camino, lo que no parece que haya ocurrido en esta ocasión.
Y a esas viejas "glorias" a las que les cuesta reconocer errores, se llamen Zapatero o Chaves, les diría que ellos deberían ser los primeros en aceptarlos y así ayudar a que el partido y los ciudadanos de izquierda recuperen un camino que ahora está completamente perdido. No basta con una sonrisa, señor Rodríguez Zapatero.

Muchas gracias.


martes, 25 de noviembre de 2014

"La España de charanga y pandereta" (segunda parte)

En esta España ,que en mi última entrada definía como de "charanga y pandereta", ha irrumpido un nuevo personaje: el pequeño Nicolás. Y lo ha hecho trayendo consigo castañuelas, bombos y platillos, y cuanta parafernalia se necesita para animar la fiesta.

No voy a dedicar una palabra a describir al personaje, pues seguro que es de todos conocido, pero su presencia en los medios de comunicación y en las esferas del poder me llevan a algunas reflexiones que deseo compartir con vosotros.

La historia que cuenta no tiene más que dos análisis posibles, que sea todo el montaje de un megalómano enloquecido, o que sea verdad. Cualquiera de las dos opciones me produce preguntas un tanto inquietantes. Situémonos en la primera posibilidad: el pequeño Nicolás es un farsante, un friki que se inventa la realidad, se cree lo que cuenta y se monta una película que llega hasta donde todos los ciudadanos hemos podido comprobar. Dos preguntas se me ocurren:

  • Siendo todo una farsa, ¿a qué vienen los desmentidos de lugares tan "importantes" como la Casa Real, la Vicepresidencia del Gobierno, el Ministerio de Defensa, el CNI...? ¿Qué temen? ¿Acaso que los inocentes ciudadanos nos traguemos la bola? ¿O es que no es una bola?
  • ¿Es tan sencillo estar presente en la ceremonia de coronación del nuevo rey? ¿o estar sentado al lado de Rajoy o de Aznar?... ¿así funciona nuestra Seguridad Nacional?  No es que sean temas que me preocupen demasiado, pero si es tan fácil, sobran los millones de euros que nos gastamos en seguridad.
Vayamos a la segunda posibilidad: el pequeño Nicolás dice la verdad. Resulta muy difícil situarse en esa posición. Todavía tenemos cierto respeto a las instituciones del Estado --a pesar del esfuerzo de los gobernantes actuales por dejarlas sin credibilidad-- para aceptar tamaño desatino. Solo a un pirómano se le ocurriría encargar cualquier actividad medianamente seria a un personaje de sainete como el pequeño Nicolás. ¿Existe ese pirómano? Qué estupendo argumento para que Valle Inclán nos hubiera deleitado con uno de sus esperpentos.

Esperpento, megalómano, agente del CNI... ahi tenemos al pequeño Nicolas  ocupando los espacios de los informativos de la televisión y las primeras páginas de los periódicos más influyentes, mientras los ciudadanos seguimos con la boca abierta, sin creernos lo que nos está pasando.

Esta es la España de Rajoy; hemos pasado del plasma a la sobreinformación de Nicolás. Viene a cuento recordar aquella frase, creo que fue de Cánovas: "españoles son los que no pueden ser otra cosa". Ahí estamos 
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Muchas gracias.

  

viernes, 21 de noviembre de 2014

"La España de charanga y pandereta"

Los acontecimientos que han acaparado la atención de los medios de comunicación estos días --la muerte de la Duquesa de Alba y la entrada en prisión de Isabel Pantoja-- y el amplio espacio que les han dedicado, me han hecho recordar ese famoso verso de Antonio Machado con el que titulo esta entrada.

Resulta que la Duquesa de Alba no es la máxima representante de una caduca aristocracia, a la vez que una de las terratenientes más importantes de España, sino una simpática señora que baila sevillanas y que ha hecho toda su vida lo que le ha dado la gana, lo cual parece ser muy meritorio.

Nada se dice de que es la tercera terrateniente española, que posee 34.000 hectáreas dedicadas a la agricultura y la ganadería, que solo en las provincias de Sevilla y Córdoba tiene once fincas agrícolas, o que es una de las principales perceptoras de ayudas europeas a la agricultura.

Ahora que tanto se habla de fin de una época, del régimen del '78, el caso de la Duquesa de Alba nos recuerda uno de los temas que la Transición no quiso o no pudo resolver: el problema de la tierra. Mientras terratenientes como la Duquesa de Alba gestionan mal sus tierras, procurando siempre sembrar productos que requieran poca mano de obra y buenas subvenciones europeas, Andalucía tiene uno de los índices de paro mayores de España y cientos de miles de jornaleros no tienen tierras que trabajar. La reforma agraria fue la gran olvidada de la democracia, y en ello la Duquesa de Alba y personajes como Samuel Flores o Juan Abelló (otros grandes terratenientes) tienen mucho que ver.

¿Nos estamos volviendo locos? ¿Qué es lo que este país tiene que agradecer a este personaje?  Esas 90.000 personas que dicen han pasado por el féretro de la Duquesa para rendirle homenaje, ¿por qué lo hacían?  ¿Por qué los periódicos y las televisiones han dedicado tanto espacio para ensalzar su figura? "Era un personaje peculiar", nos dicen; "hizo toda su vida lo que quiso". La verdad es que, dadas sus condiciones, no parece que eso sea un mérito; mucho más mérito tiene mantener una familia estando en el paro, por ejemplo.

Esta exposición mediática, justo en estos momentos de profunda crisis, me recuerda los juegos en la época de los romanos, cuando lanzaban al ruedo a pelear a los gladiadores con los leones, para que el pueblo se divirtiera. ¿No es eso lo que se busca --que el pueblo se "divierta"?, o sea que se olvide de sus problemas. En vez de aprovechar la ocasión para concienciar a la ciudadanía sobre lo insólito de la supervivencia de una aristocracia que mantiene unos derechos que en los países democráticos fueron abolidos en el siglo XIX, y sobre la necesidad de acabar con esa reminiscencia del pasado.

Y para completar esa imagen de pandereta, "cerrado y sacristía", que estamos dando estos días, recordaremos la entrada en prisión de la tonadillera Isabel Pantoja --otro personaje de la farándula que tanto sirve para desviar la atención de los temas serios-- y el caso de pederastia protagonizado por curas de Granada, con la aquiescencia, o al menos encubrimiento, del arzobispo.

Necesitamos cambiar todo esto. Se está evidenciando un final de etapa, que obviamente supuso muchos avances respeto de la anterior, pero que también dejó muchos temas sin resolver. Es el momento para hacerlo. Sólo se necesita la voluntad de la ciudadanía.

Muchas gracias.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mañana cultural

Hacía días que tenía intención de acercarme a ver la exposición que ofrecía el Thyssen sobre "Impresionismo americano". Me encanta la pintura impresionista no sólo por su pincelada suelta y el tratamiento de la luz y de las sombras, sino también por la nueva temática que representa.  Estoy familiarizado con muchos de los cuadros de Mary Cassatt, John Singer Sargent o James McNeill Whistler y esperaba que la exposición me los volviera a presentar, así como que me descubriera a los pintores americanos que siguieron su estela y que me son más desconocidos. Así que esta mañana, aprovechando el buen tiempo, me encaminé al Thyssen.

La exposición no me defraudó. Es espléndida. Efectivamente muestra una excelente representación de los clásicos impresionistas americanos que he nombrado anteriormente, pero también de toda la escuela que formaron en Estados Unidos a raíz de la primera exposición de arte impresionista francés que tuvo lugar en Nueva York en 1886.

He descubierto grandes pintores que no conocía como Childe Hassam, Theodore Robinson o John Leslie Breck, así como magníficos cuadros suyos representando escenas urbanas de Nueva York, Boston y Chicago. Acostumbrado a los paisajes franceses o, en todo caso, a los puertos brumosos de la Bretaña, resulta sorprendente encontrarse con estas grandes ciudades americanas de finales del siglo XIX.

La única "sorpresa" desagradable fue el precio: 9 euros (yo, por estar semi-decrépito, pagué solo €6,50) para disfrutar media hora o poco más. Evidentemente más caro que ir al cine o (proporcionalmente) al teatro o comprar un libro. Desconsuela comprobar que la adquisición de bienes culturales sea prohibitiva, precisamente en estos tiempos de grandes penurias económicas. A pesar de ello, recomiendo vivamente (siempre que se tengan esos 9 euros) ver esta exposición.

Estando en el Paseo del Prado, solo me separaba una agradable caminata hasta CaixaForum, donde había un par de exposiciones que me interesaban.

Nueva sorpresa al llegar a mi destino: 4 euros la entrada. Hacía algún tiempo que no iba, pero recordaba que, en algún momento, la entrada había sido gratuita, como ocurre en otras Fundaciones privadas como Mapfre, por ejemplo.

Empecé visitando la exposición de fotografía de Roni Horn, "Todo dormía como si el universo fuera un error". Seré sincero, no me gustó. No solo se exponen fotografías, también dibujos, pretendidas esculturas y alguna instalación.  En general no me gustan estas "modernidades" que no entiendo y que no me dicen nada emocionalmente. El programa de la exposición señalaba que "la sutileza de sus obras invita a los espectadores a afinar los sentidos, sumergirse en el silencio, captar las pequeñas diferencias que hacen tambalear las ideas preconcebidas". Nada de eso sentí; bueno, el silencio si porque la sala estaba prácticamente vacía.

Las prisas por volver a casa no me permitieron ver con la debida tranquilidad la otra exposición que ofrecía CaixaForum: "Mediterráneo. Del mito a la razón". Por contraposición a la anterior, me pareció muy interesante y tendré que volver otro día para verla con más tranquilidad.

Tanto en el Thyssen como en CaixaForum me llamó la atención la presencia abrumadora de mujeres: grupos de mujeres que --junto a una guía-- seguían atentamente la exposición, mujeres sueltas, dos o tres amigas y alguna pareja.  Los hombres brillaban por su ausencia. Sé que mi apreciación es subjetiva, pero no pude por menos que pensar si la cultura es tarea de mujeres, ¿tenemos los hombres actividades más serias para hacer una mañana de miércoles que ver una exposición? ¿quizás jugar a la petanca o tomarnos unos vinos en el bar?

Muchas gracias.



domingo, 16 de noviembre de 2014

"El artículo inútil"

Así titula Javier Marías su columna habitual en EL PAÍS SEMANAL de hoy. Se queja a lo largo de ella de la práctica de la piratería cultural y de la importancia que ésta tiene en España, a sabiendas de que su columna no tendrá repercusión alguna. "No es que tenga confianza en que ninguna influya lo más mínimo, ni haga recapacitar a nadie, ni ayude a ver a los lectores algo desde un punto de vista que no habían adoptado", escribe Marías, de ahí el título del artículo.

Su lectura me ha llevado a reflexionar una vez más sobre el fenómeno de la piratería cultural y su gran arraigo en España. ¿Es casualidad? ¿Tiene explicación? Trataré de analizar con objetividad el fenómeno. Para ello voy a echar una mirada atrás, hace unos 30 o 40 años -cuando no existía Internet y sí había producción cultural. Si uno quería un libro o un disco tenía dos opciones: ir a una tienda a comprarlo o entrar en ella y robarlo. Como la segunda era peligrosa y podía traer consecuencias desagradables, la inmensa mayoría optábamos por pagar lo que nos pedían o quedarnos sin el libro. Había robos, pero eran escasos en relación con el volumen de lo que se vendía.

¿Qué ocurre hoy? Algo tan sencillo como el que robar es más fácil. Se puede hacer sin que nadie se entere, o en todo caso el amigo ante el que te jactas de haber robado y le explicas cómo lo puede hacer él directamente. Porque no nos olvidemos: estamos hablando de robar, pues no es otra cosa la piratería cultural.

¿Y por qué roba tanta gente?, nos podemos preguntar. La respuesta es la misma que daríamos a estas otras preguntas, ¿por qué se sigue votando a partidos que se financian ilegalmente, que tienen a dirigentes en la cárcel por delitos de corrupción? ¿por qué siguen en sus puestos dirigentes políticos imputados? ¿por qué se produce el escándalo de las tarjetas "black" de Bankia y no pasa nada relevante? Porque vivimos en un país donde la corrupción está generalizada y se considera "normal". Unos piratean películas, otros se llevan folios del trabajo, otros utilizan el horario laboral para resolver sus asuntos personales... Si ya sé que no es lo mismo eso que levantar varios millones de euros de dinero público y llevárselo a Suiza. Pero el que piratea ya le gustaría hacer lo mismo si pudiera. Como dice Marías, se acepta que "no hay nada malo en coger lo ajeno, salvo si me lo cogen a mí". Esa corrupción generalizada es una de las muchas herencias del franquismo que no solo no se han combatido, sino que la "opulencia" sobrevenida la ha aumentado.

Recuerdo que hace un tiempo el presidente de Alemania dimitió porque se descubrió que había copiado en su tesis doctoral. En principio pensé, ¡"qué ejemplo de convicciones democráticas"! Viéndolo más detenidamente no le dí tanto mérito al personaje, pues a fin de cuentas había copiado, sino a la sociedad alemana que no permite que la represente una persona capaz de haberse corrompido. Esa es la explicación de la dimisión: Alemania, el país, la sociedad, no puede estar representada por un corrupto, aunque esa corrupción no parezca tan grave o se haya producido hace muchos años.
Y mientras en nuestro país no lleguemos a esa conciencia ciudadana que tenga tolerancia cero con la corrupción, ésta no desaparecerá de nuestro entorno por muchas leyes que dediquemos al asunto.

Muchas gracias.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Misceláneas americanas


  • Columbia es un pueblo de Carolina del Norte próximo a Edenton, donde los que hayáis leído mi blog anterior sabréis que he pasado unos días con amigos. Como tiene un cierto encanto --rodea un precioso lago-- decidimos acercarnos a dar una vuelta y a comprar unos tornillos que faltaban. Entramos en lo que sería una ferretería, pero que tenía absolutamente de todo: desde ropa a escopetas y bicicletas. Me recordaba esas películas del oeste en las que siempre aparece una tienda como ésta donde el "bueno" compra aquello que necesita. Tanto el que nos atendió como la clientela podían ser personajes de una de esas "westerns".
  • Mientras caminábamos por la calle principal nos encontramos con el único viandante: un hombre mayor que llevaba una serpiente en la mano y una gran cruz colgada del pecho. Intentamos entablar conversación con él, pero no se le entendía nada, entre otras cosas porque estaba bastante borracho. Queríamos tomar un café y en la ferretería nos dijeron que el mejor sitio era la "winery". En esta bodega producían y vendían un mal vino, pero curiosamente hacían un excelente café que pudimos tomar sentados en unos confortables sillones.

  • En el viaje de vuelta a Washington observamos desde el coche una enorme bandera Confederada, casi tan grande como la española que ondea en la plaza de Colón de Madrid. Por lo visto, a pesar de que uno pensaría que sería ilegal, resulta que pertenece a uno cuyo jardín linda con la autopista.  Al estar la bandera en su propiedad, a este defensor de los Estados Confederados de América, nadie puede decirle nada.  Parece ser que también hubo quien plantó en su jardín la bandera negra del Estado Islámico, aunque al final la retiró solo por la presión de los vecinos. Algún espabilado utiliza esta treta --aprovechar la proximidad de su propiedad privada a las autopistas-- para poner anuncios de su empresa.  La publicidad está prohibida en las carreteras, pero, ya se sabe, los derechos individuales están por encima de todo.

  • Poco después de ver la bandera confederada nos tocó parar a comer, asunto nada fácil en las carreteras norteamericanas. Lo normal es perderse buscando lo que casi nunca consigues encontrar. Al final dimos con algo que nos llamó la atención: "Crocker Barrel". Entramos y, a pesar de que se anunciaba como un restaurante, ofrecía en una inmensa tienda una infinidad de artículos, desde recuerdos turísticos hasta ropa "elegante", mermeladas, mecedoras y muñecas para niñas. Pero sí, también tenían comedor y hacia allí fuimos. Una gran sala, toda de madera -- no solo las mesas sino las vigas del techo y las paredes--, resultó muy acogedor en su conjunto. Eran como las doce y media y nos preguntaban si íbamos a desayunar(???) o a comer y, por si acaso, nos dieron ambos menús.  Las camareras --solo mujeres-- constituían una buena muestra del sexo femenino: jóvenes y menos jóvenes (alguna con mas de 70 años), flacas y menos flacas (alguna con bastante más de 100 kilos), guapas y bastante feas... Y la clientela, en general bastante mayor, era también representativa de esa América profunda que no se ve en las grandes ciudades: nuestro vecino llevaba una camiseta de cazadores de ciervos y dos mesas más allá un grupo de mujeres mayores y no precisamente flacas daban buena cuenta de un apetitoso plato...
Y mañana vuelta a Madrid. Se acabaron las historias americanas hasta una nueva ocasión. Espero que las hayáis disfrutado.

Muchas gracias.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sensaciones a flor de piel

Acabo de volver a Washington después de pasar un par de días en casa de unos amigos en Edenton (North Carolina).  Durante estas apenas cuarenta y ocho horas todos mis sentidos --no sólo los cinco tradicionales-- estuvieron en plena ebullición.  Intentaré expresar las emociones y sensaciones que me han causado esta visita.

Empecemos con el camino por la pasarela de madera desde el jardín de la casa hasta la inmensa albufera que se encontraba al fondo. Los cipreses calvos, unos árboles pelados en medio del agua, recortaban el fondo grisáceo de la albufera en un día sin sol y medio lluvioso.  Sus curiosas "rodillas" (como gnomos que les protegen rodeando su tronco) creaban un espacio mágico sobre el agua capaz de reforzar la estabilidad del árbol y a la vez mejorar su acceso a los nutrientes que necesitan. Levantando la vista, esos troncos --casi sin hojas--, pero llenos de ese musgo ("spanish moss") daban un aspecto absolutamente fantasmal. .

Entre los cipreses calvos crecía todo tipo de maleza.  Ésta se mezclaba con las aguas pantanosas que lamían la pasarela, creando una diversidad de colores, desde el verde más rabioso hasta el rojo de las hojas de los arces o el amarillo grisáceo de algunas cañas que salían del agua.

Una sinfonía de sonidos completaba la obra: el agua removiéndose lentamente, pero de forma continua, el canto de los pájaros --águilas pescadoras y grullas-- , el croar de las ranas, sonidos difícilmente identificables para un animal de ciudad como yo, pero que, superponiéndose unos con otros, componían una melodía agradable y placentera.

Resultaba difícil caminar por esa pasarela sin tocar con las manos las plantas, las hojas y los árboles, cada uno con una textura diferente, cada uno ofreciendo una sensación distinta: suave, áspera, húmeda, seca...

Ese paseo hacia la albufera iba acompañado además de los olores procedentes de la ciénaga y del mar abierto, de árboles y hojas que se estaban cayendo --estamos en otoño-- y de ese agua que rodeaba todo lo que la vista era capaz de abarcar.

El gusto lo dejábamos para las buenas comidas. Al juntarnos varios amigos a los que nos encanta cocinar --y también comer-- nos hemos obsequiado mutuamente con unas cenas escandalosas, con una mezcla de sabores y de texturas --cocina fusión que dirían los entendidos: tajine de cordero con ciruelas pasas, junto con raviolis de calabaza o truchas de la bahía de Chesapeake.

Y me queda por resaltar el sentido para mi más importante: el de la amistad. Estar con amigos a los que aprecias, compartir comidas, paseos y confidencias, escuchar historias, discutir de política --por qué no-- es un disfrute necesario de mantener y potenciar. Estar jubilado me permite hacer y dar mayor valor a estas actividades.

P.D. Edenton está en el noreste de Carolina del Norte, donde acaba la bahía de Cheasapeake y desembocan dos ríos. Os recomiendo que veáis en un mapa su extraordinaria ubicación.

Muchas gracias.

martes, 4 de noviembre de 2014

"A midterm election"

No os asustéis por el título, pero así llaman en Estados Unidos a las elecciones que se celebran en mitad de la legislatura del presidente.

Estoy en Estados Unidos y he acompañado a votar a mi hija.  Así que son muchas las sensaciones y reflexiones que me ha producido y que trataré de transmitir.

En estas elecciones se vota toda la Cámara de Representantes (similar a nuestro Congreso de los Diputados: 435 puestos) --que se renueva cada dos años-- y a 33 miembros del Senado (cada dos años se renueva una tercera parte) y se eligen gobernadores en 36 estados. Me parece interesante el procedimiento de renovar toda la cámara cada dos años; eso permite dar mayor coherencia a lo que se viene haciendo bien y eliminar lo negativo.

Me ha llamado la atención la distribución electoral, de manera que cada candidato lo es por un distrito electoral, lo que le obliga a atender directamente a sus electores. Ya sé que esa distribución electoral puede tener trampa (que beneficie a un partido más que a otro, como el PP está intentando en la Comunidad de Madrid), pero también es cierto que obliga a una relación directa mayor del elegido con los electores. Como ejemplo, os comentaré que cuando mi hija se acercó al colegio electoral estaban allí todos los candidatos saludando y tratando de atraerse a los electores. [Evidentemente, de "día de reflexión, ¡nada!] También he visto a lo largo de estos días miles de carteles en los jardines de las casas anunciando cualquiera de las candidaturas, todas pertenecientes a un partido u otro, claro está.

Me ha gustado mucho comprobar la participación de la comunidad en la campaña electoral. No se trata de mitines, sino de miles de voluntarios que van casa por casa a explicar las razones por las que votar a un candidato, o que hacen cualquier otra muestra pública de su apoyo.

Me ha sorprendido, aunque lo recuerdo de otras ocasiones, que la prensa tome partido. El "Washington Post", por ejemplo, el día de las elecciones apoya siempre a algunos de los candidatos. Lo mismo hacen los sindicatos u otras organizaciones sociales.

Es asombroso y edificante el número de puestos de responsabilidad que son elegidos democráticamente en Estados Unidos: gobernadores y subgobernadores, fiscales generales, auditores, jueces, sheriffs, superintendentes de los distritos escolares, los Consejos Escolares de esos distritos... La inmensa mayoría de los puestos de responsabilidad no los nombra un partido, sino que los eligen los ciudadanos.

Y junto con esa amplitud de cargos elegibles, en cada elección siempre hay un número de preguntas --tipo referéndum-- en las que los ciudadanos deben decidir, por ejemplo, el trazado de una autopista, la conversión o no de una zona verde en parque deportivo para los niños o la utilización de la marihuana como medicina,...

El votar, en definitiva, no consiste sólo en elegir a un partido --aunque eso evidentemente influye y mucho-- sino en participar en otras decisiones que afectan a la vida diaria. Eso da mucho más sentido al acto de votar.

¿No servirían algunas de estas iniciativas para mejorar la calidad de nuestra democracia?  Está casi todo inventado y, si se quisiera, revitalizar nuestra democracia no es difícil. Eso sí, algún sinvergüenza saldría perdiendo.

Muchas gracias.