miércoles, 27 de febrero de 2013

21.300 euros al mes

Esta cantidad --21.300 euros-- es lo que gana al mes un asesor del Partido Popular llamado Luis Bárcenas y que, según ellos mismos, hacía tres años que ya no trabajaba para su partido. No es mal sueldo por no trabajar.

21.300 € es algo más de 50 veces lo que recibe un parado como subsidio, una vez que se le ha acabado el desempleo. Y eso si lo recibe, pues hay mas de un millón que no recibe nada.

21.300 € es bastante más del salario medio anual de un trabajador o trabajadora española; es 30 veces más que el salario mínimo mensual en este país.

21.300 € es, en muchas ocasiones, más de lo que un colegio tiene para gastos de funcionamiento para un año entero.

En definitiva, ganar 21.300 € al mes es un sueldo del que pocos españoles pueden disfrutar y menos en estos tiempos de crisis en que a todos se nos pide austeridad y sacrificios.  Sr. Rajoy, ¿de qué sacrificios estamos hablando? ¿del 27 por 100 que se ha subido usted el sueldo? ¿de lo que ha estado ganando el sinvergüenza de Bárcenas? ¿Le pagan ese "sueldo" para que no cuente lo que sabe?

Parece que ésta es la manera natural de actuar del PP con los sinvergüenzas que trabajan en su partido. No solo no les despiden sino que les aumentan el sueldo y les liberan de trabajar.  ¿Cuánto han estado pagando al Sr. Sepúlveda?  Ya sabemos que la trama Gürtel le regaló medio millón de euros y ustedes ¿cuánto le han pagado para que tenga la boca callada y no diga lo que todos sabemos?  Que su piadosa exesposa se beneficiaba a medias, es decir en gananciales, de lo que Gürtel les ingresaba en cuenta.

Algún bienintencionado podría argumentar que una empresa es libre de hacer o pagar a sus empleados lo que buenamente quiera. No es un argumento que yo comparta, pero además es que se trata de un partido político que gobierna en España y en la mayoría de comunidades autónomas y ayuntamientos, y de que el dinero que maneja, con el que paga a estos corruptos, ¡¡ES DINERO PÚBLICO!!

No voté al Partido Popular en las últimas elecciones, pero, como demócrata que soy, reconocí que ese gobierno, aunque no me gustaba, era el gobierno de mi país. No puedo decir hoy lo mismo. No puedo aceptar que el gobierno de mi país actúe como si de un grupo mafioso se tratase. ¡No me representan y no me merecen el más mínimo respeto!

Muchas gracias.


miércoles, 20 de febrero de 2013

El estado de la nación

Son las doce de la mañana del 20 de febrero. En unos instantes se va a iniciar en el Congreso de los Diputados el llamado debate sobre el estado de la nación. No lo voy a escuchar pues no espero que de allí salga ninguna decisión que beneficie a la ciudadanía y, ademas, porque yo --como la inmensa mayoría de los ciudadanos-- sabemos muy bien cuál es el estado de la nación. Y de eso quiero hablar por si sirve para que algún diputado se entere, cosa que dudo.

La nación, los ciudadanos, estamos angustiados, comprobando como cada día el paro aumenta, nuestros salarios disminuyen, los servicios sociales se deterioran y las perspectivas son de que vamos a peor. ¿Alguien va a darnos explicaciones plausibles de que esto va a acabar?

La nación, los ciudadanos, estamos decepcionados y desconfiamos de nuestros dirigentes políticos que, en vez de buscar la manera de resolver los problemas que nos afectan, se dedican a proteger su propio cortijo, a el "y tu más" y a espiarse unos a otros.

La nación, los ciudadanos, estamos hartos de que nos tomen el pelo, de que nos consideren tontos y nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino.  Estamos hartos de aguantar las explicaciones de personajes como Carlos Floriano, con sus disertaciones laborales, o de Ana Mato, reconvertida en feminista de pro.

La nación, los ciudadanos, estamos indignados, viendo como personajes de tan baja estofa como Bárcenas siguen haciendo de su capa un sayo, moviéndose por el mundo a cuerpo de rey (en vez de estar en la cárcel) y haciéndole una peineta al que osa llamarle por su nombre: "ladrón". Estamos indignados viendo cada día como la siempre ponderada monarquía no es otra cosa que una cueva donde los chanchullos, el tráfico de influencias y el mal gusto son el pan nuestro de cada día.

La nación, los ciudadanos, estamos cabreados porque de poco o nada no están sirviendo los políticos que elegimos hace poco más de un año, porque vemos que esta democracia tiene muchas lagunas, porque sentimos que no se nos quiere escuchar y que la política --que es un derecho ciudadano-- se ha convertido en una actividad de unos pocos y para su propio beneficio.

Por todo ello, la nación, los ciudadanos, estamos decididos a luchar, a defender nuestros derechos con nuestra acción. Ahí están la marea verde, la blanca, la plataforma contra los desahucios y muchas más. Ese es el único camino, esa es la única manera de que nos escuchen, de que las cosas cambien. Y así debemos seguir.

TODOS A LA MANIFESTACIÓN DEL PRÓXIMO SÁBADO.

Muchas gracias.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Rectificar es de sabios

Con esta manida frase terminó María Dolores de Cospedal su intervención, informando que el Partido Popular había despedido al corrupto Sepúlveda, marido de la ministra Ana Mato.

Tres días antes Carlos Floriano, vicesecretario de organización del PP, nos había impartido una lección magistral sobre el Estatuto de los Trabajadores, cuya conclusión era que les resultaba imposible despedir a Sepúlveda porque dicha ley le protegía y un tribunal les obligaría a readmitirlo. ¿Se puede tener mayor desvergüenza con seis millones de personas en paro? ¿O es que el Partido Popular piensa que la gente está en paro no porque les hayan despedido de sus empresas sino porque ellos voluntariamente (ya que el Estatuto de los Trabajadores impide despedir) han decidido que están mejor sin trabajar.

Rectificar es de sabios, claro que sí, sobre todo cuando se dicen tonterías y mentiras que dan vergüenza ajena. Pero se ve que la sabiduría ha llegado por toneladas en estos últimos días al Partido Popular, pues las rectificaciones abundan. Ayer, por ejemplo, Alfonso Alonso, portavoz popular en el Congreso, decía a las tres de la tarde que votarían en contra de la iniciativa legislativa popular impulsada por Stop Desahucios, que había conseguido un millón y medio de firmas.  Tres horas después decía que votarían a favor sin que se le moviese un músculo de su cara-dura. También han rectificado en relación con el caso Bárcenas, reconociendo que le han estado pagando indemnización y seguridad social hasta hace un mes.

Ante la sorpresa que tanta sabiduría me incita, tengo que preguntarme por las razones que la producen. Cualquier bienintencionado podría pensar que el Partido Popular está cambiando, y lo que antes era la opacidad más absoluta se va a convertir en transparencia. Bueno, yo no es que sea malintencionado, pero me cuesta creer en ese milagro, más bien creo que hay otras razones.

No es casualidad que estos arrebatos de sabiduría surjan después de infinitas presiones de la ciudadanía, de esfuerzos ingentes de personas para exigir que se respeten sus derechos. Es difícil, por no decir suicida, negarse a analizar una iniciativa legislativa que cuenta con el apoyo de millón y medio de personas, cuando estás apoyando otra que no llega a medio millón sobre los toros.

Tenemos una cúpula política que no está dando la talla y tenemos un camino para que despierten y nos hagan caso o, si no, que se vayan a su casa: pelear desde abajo, desde la ciudadanía, exigir nuestros derechos, aumentar la presión social sobre ellos. Así avanzaremos, así regeneraremos nuestra democracia y la fortaleceremos. De los políticos que hoy están gobernándonos, poco o nada podemos esperar y mucho menos que "regeneren" (esa palabra que tanto les gusta usar) nuestra democracia.

Muchas gracias.

martes, 5 de febrero de 2013

¿Un país de corruptos?

Estamos viviendo unos tiempos en que la corrupción está presente en todas partes. Es como una especie de pulpo gigantesco que nos aprieta cada día un poco más, haciendo difícil el que podamos respirar. Ningún sitio al que dirijamos nuestra mirada o nuestro oído se salva de su presencia.  Hoy, por ejemplo, mientras, tumbado en una camilla, recibía un tratamiento de magnetoterapia para mis machacadas cervicales, escuchaba la conversación entre dos señoras mayores: "que mal está todo", decía una, "es una vergüenza tanta corrupción", le contestaba la otra, "Rajoy debería irse", "sí, pero que no vengan los socialistas, que son muy malos", le contestaba su amiga, ambas del barrio de Salamanca.

El caso Bárcenas, los sobres en dinero negro del Partido Popular, el caso Gürtel, el caso Pallerols, las ITV en Cataluña, los ERE en Andalucía, el señor Fabra...  Pero no es solo la política; qué decir de los banqueros como Rato o los gestores de las cajas que, después de arruinarlas, se llevan unas indemnizaciones sustanciosas. Parece que, en nuestro país, allí donde hay dinero surge la corrupción. Hay quien dice que el dinero la lleva como acompañante obligado. Pero no es así en todos los países y, lo que es más importante, en otros sitios si ocurre, el que la hace la paga, mientras aquí el que la hace se va de rositas y se ríe de todos nosotros.

¿Somos especiales? ¿Es que llevamos la corrupción en los genes? ¿Es inevitable que así sea?  Evidentemente no. Y entonces, ¿qué ocurre? No se trata de genes, pero sí de costumbres muy enraizadas en la sociedad. Venimos de una etapa, el franquismo, en la que la corrupción era la norma, y no solo no era mal vista sino que estaba bien valorada. Recuerdo la frase predilecta de un amigo, sindicalista y luchador antifranquista, que, refiriéndose a su trabajo en la fábrica, me solía decir "a mi me pueden engañar en el salario, pero no en el trabajo".  La responsabilidad, el trabajo, la honradez y la defensa de la verdad no eran precisamente los valores dominantes en esa sociedad.

Han pasado más de treinta años y nadie, repito nadie, se ha ocupado de combatir esos "valores" franquistas y reforzar los valores democráticos. Al revés, al calor del dinero fácil se ha permitido todo, se ha mirado hacia otro lado cada vez que nos hemos encontrado con el problema. La primera condición para combatir la corrupción es que la ciudadanía la rechace, no admita convivir con ella. Y eso no ha pasado hasta ahora.  La economía sumergida (casi un 25% del total), el fraude fiscal escandaloso y la ausencia de medidas punitivas ejemplares contra los corruptos son manifestaciones palpables de que se ha mirado para otro lado y de que la sociedad lo ha permitido. ¿Cómo, si no, habría ganado una vez más Camps en Valencia, por ejemplo?

Creo que hemos llegado al límite y que la sociedad empieza a reaccionar frente a esta lacra, no porque los políticos estén dando ejemplo sino porque ya estamos hartos. Hay que eliminar la corrupción, se dice, pero ¿qué se hace? En mi opinión dos son los únicos caminos: por un lado, reforzar la conciencia ciudadana en el rechazo a estas prácticas.   Eso es un problema de educación; "Educación para la ciudadanía" se llama en todos los países y ya sabemos por qué no le interesa al Partido Popular que se incluya en las escuelas.  La otra vía es la de los castigos ejemplares y rápidos. Hay quien dice que la ley ya permite esos castigos. Puede ser, pero si la Sra. Mato estuviera ahora en la cárcel con una pena de dos o tres añitos en vez de seguir siendo ministra, seguro que no lo intentaría otra vez. Si el Sr. Bárcenas o el Sr. Correa, corruptos hasta la médula, estuvieran en la cárcel en vez de en su casa o dando ruedas de prensa, seguro que el número de corruptos se reduciría.

También ayuda una mayor transparencia en todos los campos en que el dinero se mueva, pero con eso no basta. Tolerancia cero con la corrupción por parte de la ciudadanía y duras penas para los corruptos, así podremos avanzar. Y los partidos políticos deberían ser los primeros en apoyar medidas de este tipo empezando por aplicárselas ellos mismos.

Muchas gracias.