sábado, 14 de septiembre de 2013

Un trabajo de chinos

El dicho popular español, "esto es un trabajo de chinos", se convierte en una realidad visible cuando se tiene la oportunidad de visitar China. Muchas han sido las ocasiones, a lo largo de mi reciente viaje, en que me venía a la mente este pensamiento ante lo que mis ojos contemplaban.

Estuvimos en Dazhai, un pequeño pueblo en el interior de China, rodeado de montañas. El entorno era de una belleza espectacular, pero nada apropiado para la agricultura dada su orografía. Sin embargo, no había trozo de tierra que no estuviera cultivado. Los campesinos habían creado terrazas a lo largo de la pendiente de las montañas convirtiendo estas en escalones cultivados. Y lo habían hecho con sus propias manos, sin ninguna maquinaria, pues por una lado no la tenían y por otro el terreno no permitía su uso. Este ingente trabajo se llevó a cabo en la época de Mao. Mao puso a Dazhai como ejemplo para todos los agricultores chinos de lo que la aplicación del "pensamiento de Mao Tse Tung" a la agricultura era capaz de conseguir. Según cuentan, los campesinos trabajaban sin descanso todo el día alimentando su espíritu con canciones revolucionarias. Durante la Revolución Cultural la inmensa mayoría de los campesinos chinos pasaron por Dazhai para aprender. Parece que, como consecuencia de este fervor revolucionario, se hicieron bastantes despropósitos, roturando tierras que no servían o destrozando montañas sin objetivos claros. Pero de lo que no cabe ninguna duda es que, paseando por las hermosas terrazas de arroz de Dazhai, uno confirma que una obra así es "un trabajo de chinos".

Visitamos las Grutas de Longmen, uno de los grandes tesoros budistas de China, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Estas grutas, horadadas sobre una montaña de tipo granítico y bordeadas por el lecho de un afluente del rio Amarillo, contienen cincuenta mil bustos de Buda, de todos los tamaños, esculpidos sobre la roca. En lugares absolutamente inverosímiles y con tamaños que a veces no sobrepasaban los cinco centímetros, los chinos de la época habían creado un conjunto de extraordinaria belleza. En este caso la fuerza mental para llevar a cabo una obra de tal envergadura venía de las creencias religiosas, pero seguía siendo un trabajo de chinos.

La transformación que se ha producido en China en los últimos diez años es otra manifestación del poder del trabajo de los ciudadanos chinos. Todas las grandes ciudades que hemos visitado, Shanghái, Beijing, Hangzhou, son un ejemplo de la capacidad de trabajo del pueblo chino. También de la fuerza de la planificación urbanística, frente al caos que suele reinar en el crecimiento de las grandes ciudades occidentales.

Visto el poder transformador que tiene el "trabajar como chinos" no nos queda ninguna duda sobre el crecimiento económico de China; crecimiento que, según pudimos observar también, está beneficiando al pueblo chino, mejorando sus condiciones de vida.

Continuará.

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