martes, 4 de noviembre de 2014

"A midterm election"

No os asustéis por el título, pero así llaman en Estados Unidos a las elecciones que se celebran en mitad de la legislatura del presidente.

Estoy en Estados Unidos y he acompañado a votar a mi hija.  Así que son muchas las sensaciones y reflexiones que me ha producido y que trataré de transmitir.

En estas elecciones se vota toda la Cámara de Representantes (similar a nuestro Congreso de los Diputados: 435 puestos) --que se renueva cada dos años-- y a 33 miembros del Senado (cada dos años se renueva una tercera parte) y se eligen gobernadores en 36 estados. Me parece interesante el procedimiento de renovar toda la cámara cada dos años; eso permite dar mayor coherencia a lo que se viene haciendo bien y eliminar lo negativo.

Me ha llamado la atención la distribución electoral, de manera que cada candidato lo es por un distrito electoral, lo que le obliga a atender directamente a sus electores. Ya sé que esa distribución electoral puede tener trampa (que beneficie a un partido más que a otro, como el PP está intentando en la Comunidad de Madrid), pero también es cierto que obliga a una relación directa mayor del elegido con los electores. Como ejemplo, os comentaré que cuando mi hija se acercó al colegio electoral estaban allí todos los candidatos saludando y tratando de atraerse a los electores. [Evidentemente, de "día de reflexión, ¡nada!] También he visto a lo largo de estos días miles de carteles en los jardines de las casas anunciando cualquiera de las candidaturas, todas pertenecientes a un partido u otro, claro está.

Me ha gustado mucho comprobar la participación de la comunidad en la campaña electoral. No se trata de mitines, sino de miles de voluntarios que van casa por casa a explicar las razones por las que votar a un candidato, o que hacen cualquier otra muestra pública de su apoyo.

Me ha sorprendido, aunque lo recuerdo de otras ocasiones, que la prensa tome partido. El "Washington Post", por ejemplo, el día de las elecciones apoya siempre a algunos de los candidatos. Lo mismo hacen los sindicatos u otras organizaciones sociales.

Es asombroso y edificante el número de puestos de responsabilidad que son elegidos democráticamente en Estados Unidos: gobernadores y subgobernadores, fiscales generales, auditores, jueces, sheriffs, superintendentes de los distritos escolares, los Consejos Escolares de esos distritos... La inmensa mayoría de los puestos de responsabilidad no los nombra un partido, sino que los eligen los ciudadanos.

Y junto con esa amplitud de cargos elegibles, en cada elección siempre hay un número de preguntas --tipo referéndum-- en las que los ciudadanos deben decidir, por ejemplo, el trazado de una autopista, la conversión o no de una zona verde en parque deportivo para los niños o la utilización de la marihuana como medicina,...

El votar, en definitiva, no consiste sólo en elegir a un partido --aunque eso evidentemente influye y mucho-- sino en participar en otras decisiones que afectan a la vida diaria. Eso da mucho más sentido al acto de votar.

¿No servirían algunas de estas iniciativas para mejorar la calidad de nuestra democracia?  Está casi todo inventado y, si se quisiera, revitalizar nuestra democracia no es difícil. Eso sí, algún sinvergüenza saldría perdiendo.

Muchas gracias.

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