martes, 5 de febrero de 2013

¿Un país de corruptos?

Estamos viviendo unos tiempos en que la corrupción está presente en todas partes. Es como una especie de pulpo gigantesco que nos aprieta cada día un poco más, haciendo difícil el que podamos respirar. Ningún sitio al que dirijamos nuestra mirada o nuestro oído se salva de su presencia.  Hoy, por ejemplo, mientras, tumbado en una camilla, recibía un tratamiento de magnetoterapia para mis machacadas cervicales, escuchaba la conversación entre dos señoras mayores: "que mal está todo", decía una, "es una vergüenza tanta corrupción", le contestaba la otra, "Rajoy debería irse", "sí, pero que no vengan los socialistas, que son muy malos", le contestaba su amiga, ambas del barrio de Salamanca.

El caso Bárcenas, los sobres en dinero negro del Partido Popular, el caso Gürtel, el caso Pallerols, las ITV en Cataluña, los ERE en Andalucía, el señor Fabra...  Pero no es solo la política; qué decir de los banqueros como Rato o los gestores de las cajas que, después de arruinarlas, se llevan unas indemnizaciones sustanciosas. Parece que, en nuestro país, allí donde hay dinero surge la corrupción. Hay quien dice que el dinero la lleva como acompañante obligado. Pero no es así en todos los países y, lo que es más importante, en otros sitios si ocurre, el que la hace la paga, mientras aquí el que la hace se va de rositas y se ríe de todos nosotros.

¿Somos especiales? ¿Es que llevamos la corrupción en los genes? ¿Es inevitable que así sea?  Evidentemente no. Y entonces, ¿qué ocurre? No se trata de genes, pero sí de costumbres muy enraizadas en la sociedad. Venimos de una etapa, el franquismo, en la que la corrupción era la norma, y no solo no era mal vista sino que estaba bien valorada. Recuerdo la frase predilecta de un amigo, sindicalista y luchador antifranquista, que, refiriéndose a su trabajo en la fábrica, me solía decir "a mi me pueden engañar en el salario, pero no en el trabajo".  La responsabilidad, el trabajo, la honradez y la defensa de la verdad no eran precisamente los valores dominantes en esa sociedad.

Han pasado más de treinta años y nadie, repito nadie, se ha ocupado de combatir esos "valores" franquistas y reforzar los valores democráticos. Al revés, al calor del dinero fácil se ha permitido todo, se ha mirado hacia otro lado cada vez que nos hemos encontrado con el problema. La primera condición para combatir la corrupción es que la ciudadanía la rechace, no admita convivir con ella. Y eso no ha pasado hasta ahora.  La economía sumergida (casi un 25% del total), el fraude fiscal escandaloso y la ausencia de medidas punitivas ejemplares contra los corruptos son manifestaciones palpables de que se ha mirado para otro lado y de que la sociedad lo ha permitido. ¿Cómo, si no, habría ganado una vez más Camps en Valencia, por ejemplo?

Creo que hemos llegado al límite y que la sociedad empieza a reaccionar frente a esta lacra, no porque los políticos estén dando ejemplo sino porque ya estamos hartos. Hay que eliminar la corrupción, se dice, pero ¿qué se hace? En mi opinión dos son los únicos caminos: por un lado, reforzar la conciencia ciudadana en el rechazo a estas prácticas.   Eso es un problema de educación; "Educación para la ciudadanía" se llama en todos los países y ya sabemos por qué no le interesa al Partido Popular que se incluya en las escuelas.  La otra vía es la de los castigos ejemplares y rápidos. Hay quien dice que la ley ya permite esos castigos. Puede ser, pero si la Sra. Mato estuviera ahora en la cárcel con una pena de dos o tres añitos en vez de seguir siendo ministra, seguro que no lo intentaría otra vez. Si el Sr. Bárcenas o el Sr. Correa, corruptos hasta la médula, estuvieran en la cárcel en vez de en su casa o dando ruedas de prensa, seguro que el número de corruptos se reduciría.

También ayuda una mayor transparencia en todos los campos en que el dinero se mueva, pero con eso no basta. Tolerancia cero con la corrupción por parte de la ciudadanía y duras penas para los corruptos, así podremos avanzar. Y los partidos políticos deberían ser los primeros en apoyar medidas de este tipo empezando por aplicárselas ellos mismos.

Muchas gracias.

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