sábado, 9 de enero de 2016

¿Nueva política? Anda, no me hagas reír

No puedo evitar seguir de cerca la política que nos rodea, y más ahora que parecía haberse puesto interesante.  Aunque me había propuesto no hacer comentarios en este blog y dedicarlo a temas más divertidos y gratificantes, aquí me tenéis, rompiendo esa promesa.  Lo siento, pero es que estoy viendo y oyendo cosas que, además de dejarme boquiabierto, me producen la indignación suficiente para saltarme las resoluciones y ponerme a escribir.

Resulta que ha habido una mayoría de izquierdas en las elecciones del 20-D,, que los ciudadanos exigen un cambio y que sería posible pactar un gobierno de ese signo. Resulta que cuatro años de gobierno del PP, con mayoría absoluta, han servido para aumentar la pobreza, la desigualdad y el trabajo precario. Resulta que sigue habiendo cinco millones de parados, que la mitad de ellos no tienen ningún subsidio, que se han eliminado 50.000 puestos de trabajo en la sanidad y la educación públicas, que los empleos que se crean son precarios (por horas o por días) y que el tener un trabajo no te asegura escapar de la pobreza.

Ante una situación de este tipo parecería que lo más urgente, lo prioritario, debería ser ponerle remedio: que los desfavorecidos, las familias que han sido golpeadas por la crisis, estuvieran muy presentes. Proponer políticas que puedan mejorar su situación.

Bien, pues no es eso lo que nos propone la nueva política: Nuestra línea roja es el derecho a decidir, Nos dice Podemos, también lo defiende En Marea y ya no digamos En Común. Es decir, lo más importante para llegar a un acuerdo que permita un gobierno de izquierdas es que los catalanes o los gallegos puedan decidir si se separan del resto de los ciudadanos de España. ¿No habrá catalanes y gallegos que estén pasando hambre, que estén hartos de la corrupción de los Pujol y compañía, que quieran un trabajo pagado dignamente? Es seguro, pero eso no le interesa a la "nueva política".

Y yo me pregunto, ¿por qué no les interesa? Pues por algo tan sencillo como conseguir más poder. Piensan que unas nuevas elecciones --aunque eso nos lleve a muchos ciudadanos a poner en cuestión el papel de los políticos e incluso de la democracia (o, mejor dicho, de esta democracia enferma)-- le van a ser más favorables para sus intereses de partido.

¿Es eso nuevo? ¿Es nueva política? De eso ya hablaba Maquiavelo hace 500 años, y desde entonces políticos de todos los signos lo vienen haciendo. Cómo maniobro para conseguir mayor poder, cómo engaño a la ciudadanía para que mi partido sea más fuerte.

Por favor, no me hagan reír. Para estos resultados no hacía falta haber cambiado de alforjas.

Muchas gracias.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Hoi An, la perla de Vietnam


Salimos de Hue con dirección a Hoi An por una carretera bonita, aunque llena de curvas y en bastante mal estado. Paramos en un rincón para admirar la bahía de Danang con sus viveros de ostras y sus piscifactorías de carpas.

Atravesamos Danang, una gran ciudad aunque menos caótica que Hanoi. Según nuestro guía, es la ciudad más habitable de Vietnam; lo cierto es que la vemos moderna, con buenas avenidas y edificios, centros comerciales, grandes hoteles y una estupenda playa, en la que paramos a tomarnos un café.

Visitamos después el Monte del Mármol, dentro de Ngu Hanh Son, un conjunto de cuevas (cinco: Kim—metal; Moc—madera Hoa—fuego; Thuy—agua; y Tho—tierra) y colinas con varios Budas (alguno femenino).  Fue durante la guerra un hospital; lo bombardearon los americanos.  Al ser un sitio bonito con vistas espectaculares, se acercan novias y parejas para retratarse; también modelos publicitarios.  

Por fin llegamos a Hoi An, una preciosa ciudad de 80.000 habitantes y un alto porcentaje de turistas por la calle. Como es pronto, nuestro guía decide que aprovechemos el buen tiempo (ha dejado de llover) para darnos una primera vuelta por la ciudad. Visitamos la Asamblea China, que luego fue un templo.  Aquí se cuelgan farolillos de incienso con cartelitos con los deseos de cada uno.  Duran el tiempo que tarda en quemarse el incienso, a veces hasta un mes. 

Vemos también la casa antigua de una familia de mercaderes chinos (de hace 200 años).  Estos siguen siendo los dueños, pero ya no viven en la casa.  Huyeron de China como refugiados políticos.
Las casas antiguas de Hoi An son largas y estrechas, sin ventanas.  Se ventilan a través de las puertas delanteras y traseras.  A veces llevan un espejo en la fachada para asustar a los espíritus.

Hoi An ha sufrido mucho de inundaciones (¡que suelen ocurrir en noviembre!).  En el 2009 subieron las aguas más de dos metros.
Entramos también en la Asamblea Cantonesa y cruzamos el Puente Japonés.  Este puente, construido en 1593, separa el barrio chino del japonés.

Salimos de excursión a My Son, un santuario con ruinas de templos hindúes. Visitamos, dentro de un valle de unos dos kilómetros de ancho, entre dos cadenas montañosas, una serie de templos de la dinastía Champa, también un lugar de enterramiento de los monarcas champas y sus héroes nacionales.  A pesar de que se han destruido varias veces, muchos templos han aguantado o han sido reconstruidos.  También se aprecian varios cráteres donde cayeron bombas. Nos aclara nuestro guía que no existen monumentos de antes del Siglo VII, porque éstos se hicieron de madera y fueron destruidos todos por el fuego.  Los templos de My Son son de los siglos VII al XIII.  


Hoi An es el templo de la seda, el lugar para hacerse todo tipo de prendas de seda, tanto hombres como mujeres. La ciudad está llena de sitios donde poder comprarlas y tomarse medidas para su confección. Quizás por eso, y porque la ciudad vale la pena, tenemos el día libre para patearla de arriba abajo. Tarea a la que nos dedicamos con tesón..  

Una de las decisiones que adoptamos es acercarnos a la playa, para lo cual cogemos un taxi que nos lleva allí. Aprovechamos el buen tiempo para dar un largo paseo por la playa y tomarnos unos refrescos mirando el mar.

El resto del día paseamos, cruzamos puentes, recorremos una especie de parque, disfrutamos de las luces, las cajas con velas en el agua, las figuras iluminadas…

Nuestra estancia en Vietnam se acaba y mañana salimos para Camboya, a visitar Angkor Wat.  El país nos ha encantado, sus gentes, sus paisajes, su comida. Nos parece un lugar muy recomendable, no solo para visitar, sino también--si uno no tuviera tantas ataduras-- para venirse a vivir. Desde luego con la pensión española viviría como uno de los reyes cuyas tumbas hemos visitado. A ver si alguien se anima.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Hue, ciudad imperial

Llegamos a Hue, tras más de tres horas de espera en el aeropuerto de Hanoi, en torno al mediodía. Y nos dirigimos directamente al restaurante, donde -como de costumbre- comimos muy bien. 

Huế es una ciudad de unos 400.000 habitantes, situada en el centro de Vietnam. Fue la capital del país hasta 1945 y su Conjunto de Monumentos fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1993

Nuestro primer objetivo es visitar su ciudad imperial, similar en extensión y estilo a la Ciudad Prohibida de Pekín. Vemos las cinco entradas de la casa principal, una para el rey, otra para civiles y otras para militares.   Se usó hasta 1945, cuando Hue dejó de ser capital y Vietnam se convirtió en una república independiente. Visitamos las nueve urnas dinásticas, cada una dedicada a un rey Nguyen (la dinastía).  El último rey murió en París en 1997.


Visitamos el salón del trono y el teatro real. En 1968 se destruyó el resto de la ciudad prohibida. Como dato curioso, en Hue no se permite que ninguna casa tenga más altura que los edificios de la ciudadela.

Hoy es "Thanksgiving" y decidimos darnos un homenaje, yendo a cenar a un restaurante europeo y probando el vino vietnamita, ¡¡horrible!!
Al día siguiente vamos a ver los mausoleos de siete de los reyes; los otros seis no tienen mausoleos propios.  Llueve sin parar. Primero vemos el del rey impotente (según nuestro guía) y a continuación el del “Picha Brava” (¡!).  Este rey tuvo no sé cuántas mujeres y concubinas y no sé cuántos hijos.  


A continuación tomamos un barco por el Río Perfume y visitamos al final la Pagoda de la Dama del Cielo.  Aquí hay un Buda gordo, como el de los chinos.  Y hay una especie de monasterio donde viven monjes jóvenes, huérfanos.

Después de comer visitamos el “lively market”, el mercado Dong Ba.  La verdad, no hay mercado en este viaje que no nos deje con la boca abierta.  Además, cada uno sorprende a su manera, por su originalidad.  Aquí, en el interior hay puesto tras puesto, todos pegados entre sí, de metros y metros de tela, montañas de cuadernos, ropa para vestir la ciudad entera…  

Tanto trajín requiere una buena cena. Lo hacemos en "Le carambole", un restaurante que mezcla cocina francesa y vietnamita. Muy rica la comida y bien de precio.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

De crucero por la bahía de Halong

Volvemos a tener un duro camino hasta la bahía de Halong, lo que nos obliga  a estar en el coche a las siete y media. Salimos de Hanoi, a lo que debe ser hora punta, y podemos apreciar el caos que eso significa en esta ciudad. Atravesamos el río Rojo, llamado así por el color de sus aguas, más bien ocres que rojas, pero bueno.  Tras una parada técnica para reponer fuerzas, llegamos pronto a la bahía de Halong y nos da tiempo a pasar primero por una fábrica-criadero de perlas cultivadas. Interesante.

Nos explica nuestro guía que hay 1969 islas en la bahía, y una de ellas (precisamente de la que sale nuestro crucero y muchos más), que antes era solo de monos, ahora tiene dueño y se está forrando en este país "socialista".  

Una barca nos lleva a nuestro barco crucero, “V Spirit Classic”. Somos 17 pasajeros: una pareja de recién casados de Croacia, tres profesoras mayores de Malta, una pareja joven de Irlanda, dos mujeres australianas de mediana edad, tres estudiantes australianos, un australiano mayor que viaja solo, y nosotros. Nos asignan nuestro camarote (no. 105), que nos impresiona bastante: dos camas, mesilla de noche, ventana, baño con ducha y aire acondicionado.
Después de comer salimos a ver una cueva en una de las islas y pasamos una hora y media dentro de ella.  Hay unas formaciones preciosas, curiosas.  Se observa en una zona de la cueva que penetra el sol y nos cuenta el guía que  el agujero es producto de los bombardeos durante la guerra, ya que los guerrilleros se ocultaban en su interior.
Luego nos ofrecen “playa” para quienes quieran (nosotros no).   Nosotros preferimos quedarnos en el barco, aprovechando la cubierta y disfrutando del “happy hour” (tres bebidas por el precio de dos). 

Entre las comidas y cenas que hacemos en el barco tenemos ocasión de conversar casi con todos los pasajeros que han ido pasando por nuestra mesa: la pareja de mujeres australianas que nos dejan con la duda de si son amigas o algo más, la pareja croata de recién casados, muy pijos los dos pero simpáticos, los tres chavales australianos que nos llama la atención que, siendo tan jóvenes, tengan capacidad económica para un viaje así, las tres profesoras (del gremio) de Malta, alguna de ellas disfrutando de su jubilación.

Desde el barco salimos en una embarcación más pequeña para recorrer la bahía y acercarnos a alguna de sus islas, una de ellas plagada de monos. El paseo es una gozada, la temperatura agradable y el paisaje espectacular.  Las formaciones rocosas de las islas parecen diseñadas por un gran artista plástico. 

Volvemos al barco y pasamos un rato de relax en la cubierta, disfrutando de nuestros últimos momentos de este paisaje tan único. Después de la cena nos ofrecen la posibilidad de pescar cangrejos desde la cubierta. Muchos lo intentan, pero nadie lo consigue.

Dormimos fenomenal y por la mañana, después de un estupendo "brunch", desembarcamos y nos volvemos a Hanoi.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Sapa y las cataratas de Cat Cat

Hoy nos toca levantarnos muy temprano, pues hay seis horas de camino a Sapa, ciudad del norte de Vietnam, cerca de la frontera con China y a 1.600 metros de altitud.

La ciudad --agradable, tranquila y bastante turística-- está llena de mochileros, ya que es un sitio ideal para hacer trekking, algo que también haremos nosotros, aunque de forma tranquila y tan solo de tres horas.

El camino a Sapa, que al final es de cinco horas y media --entre otras cosas porque no consigo que el conductor supere los 80 km/h, a pesar de que se puede ir a 100--, es espectacular, sobre todo la segunda parte de subida a la ciudad. Campos de arroz, plantados en bancales que forman terrazas rectangulares, plataneras, árboles frondosos y algún cementerio junto a los campos de arroz.

Desde la ventana de nuestro hotel tenemos una maravillosa vista de la ciudad y las montañas que la rodean. Después de la algarabía de Hanoi, esta ciudad rezuma paz y sosiego. No me extraña que sea elegida por muchos turistas que, huyendo del ruido, se acerquen a este lugar en busca de tranquilidad.

Tenemos previsto quedarnos un día más en Sapa para poder pasear por sus arrozales y acercarnos a las cataratas Cat Cat.

Así lo hacemos, y lo cierto es que el paisaje es precioso. Estos campos de arroz nos recuerdan mucho a los que vimos en China, sobre todo en la zona de Dazhai.

En el paseo nos acompañan mujeres de la etnia
H´Mong que se enrollan con nosotros en inglés, haciéndonos preguntas tan directas como qué edad tenemos, si tenemos hijos...A la vez intentan vendernos sus artesanías. Curiosamente hablan un inglés muy aceptable que han aprendido, según nos dicen, de sus hijos que lo aprenden en la
 escuela. El paseo nos permite ver las casas de los campesinos, los gallos, cerdos, gallinas y hasta algún búfalo.

Tras atravesar un puente colgante, llegamos al pueblo de Ta Van, habitado por la minoría Zay, con una fuerte cultura china.  Seguimos paseando a través de un bosque de bambú hasta Giang Ta Chai, pueblo de la minoría étnica Dao rojo.
Terminamos nuestro paseo acercándonos a las cascadas de Cat Cat, absolutamnete impresionantes. No tienen nada que envidiar a otras cascadas más famosas que he tenido ocasión de ver.

Ya de vuelta en la ciudad aprovechamos la tarde para subir al monte Hamrong,- más de 300 escalones- para ver Fansipan, el punto más alto de Vietnam.  El camino es precioso y la vista desde el mirador fantástica. Bajamos conforme se está haciendo de noche, lo que nos crea algún problema ante lo accidentado del recorrido, y damos un largo paseo por la zona de Sapa que aún no habíamos visto y que detectamos desde el mirador.

No se debe visitar Vietnam sin acercarse a Sapa y alrededores. Vale la pena.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Llegamos a Hanoi

Nos levantamos muy pronto y volamos para Hanoi, via Bangkok, ya que no hay vuelo directo desde Chiang Mai.

Vietnam es, desde hace años, uno de los países que más me apetecía conocer. Primero porque todas las referencias que tenía de amigos que lo habían visitado eran excelentes y también - para las personas como yo que habíamos crecido "luchando" contra la guerra de Vietnam- para conocer cómo había evolucionado después de la unificación.

Llegamos a Hanoi y nos sorprendió la multitud en la calle, la algarabía, el ruido. Lo primero que hizo nuestro guía fue enseñarnos a cruzar la calle. Lo hacíamos cogidos de la mano y sin dar jamás un paso atrás. No era fácil, incluso para un madrileño como yo, poco adepto a las normas y acostumbrado a cruzar por cualquier sitio.

Las calles de Hanoi son de las motos, no solo las calzadas sino también las aceras donde están aparcadas, Se anda sorteando motos, unas veces en movimiento y otras paradas, pero siempre se camina entre ellas. Motos que sirven para todo: llevar a cinco personas como la de la foto,o transportar todo tipo de objetos por voluminosos que sean, como colchones o auténticas montañas de cajas.

El programa incluía una vuelta en bicicleta -no conducida por nosotros sino por un musculoso joven (o no tan joven) que podía con nosotros sentados en un carrito detrás.  Este paseo nos permitió hacernos una idea de toda la ciudad, especialmente su parte antigua. Pudimos ver los bonitos edificios oficiales, el teatro, el museo nacional de Bellas Artes, el lago  - por el que en otro momento, dimos un estupendo paseo.

Más tarde, y ya por nuestra cuenta, nos acercamos a la catedral -construida por los franceses al estilo de Notre Dame de Paris- que estaba iluminada, al pie de una enorme montaña que parecía querer protegerla.

Me llamó la atención (y ésta fue una constante en todo el país) la escasa presencia de policías en las calles, a pesar del barullo que las dominaba.

Este primer día en Vietnam nos sirvió para comprobar la amabilidad de sus gentes y nos abrió el apetito para continuar con nuestro viaje.









sábado, 12 de diciembre de 2015

Reflexiones sobre Tailandia

Diferentes aspectos de mi viaje a Tailandia me han llamado la atención y me gustaría resaltarlos:

- La amabilidad de sus gentes. El trato que hemos recibido en todas partes ha sido excelente: en los hoteles, restaurantes y taxis, o por la calle cuando hemos necesitado algo. Siempre nos han ayudado. Ese gesto -juntar las manos a la altura del pecho y bajar la cabeza en forma de saludo- tan frecuente, es una buena representación de la amabilidad del pueblo tailandés.

 - Su nivel de desarrollo. Bastantes coches, no solo en las grandes ciudades, buenas carreteras y buen servicio de wifi en todos los hoteles. Vimos muchos detalles que acreditaban un nivel relativamente alto de desarrollo, entre ellos, por desgracia, la contaminación en Bangkok. Como era de esperar, hubo hasta carteles publicitarios de Cristiano Ronaldo.

- La religión. Está muy presente en la vida cotidiana. Hemos visitado numerosos templos y pagodas y y en todos ellos hemos visto a fieles rezando y haciendo ofrendas y donaciones. También hemos comprobado el poder de la religión en el lujo que dominaba y el color dorado que prevalecía en todos ellos.

- El respeto al rey. Hay fotografías del rey por todas partes, y se tiene la sensación de que lo están no tanto por obligación como por respeto y cariño a la figura del actual rey. Por lo que nos ha contado algún guía, no parece que su hijo cuente con la misma consideración.

- El papel de la mujer. Hemos visto mujeres ocupándose de muy diferentes tareas: trabajando en el campo, vendiendo en los mercados cualquier cosa que tuvieran, desplazándose por la ciudad en moto o trabajando en tiendas. Da la impresión de que la mujer está incorporada a la vida productiva y de que existe colaboración masculina en las tareas domésticas.

- La comida. Excelente, variada y muy saludable. Hemos comido en sitios muy diversos: en la calle un "hot pot" que nos costó 5$ para los cuatro o en restaurantes más occidentalizados como Casa Diverso en Chiang Mai. Siempre ha sido bastante barato para precios europeos. Nos ha encantado el "pad Thai" y no tanto el "sticky rice".

- Conducen por la izquierda, lo que, junto a un cierto caos circulatorio en general, convierten el caminar por las grandes ciudades en una aventura. Pero el carácter pacífico de los ciudadanos nos hace pensar que, a pesar del aparente desorden, tampoco se producen tantos accidentes.