miércoles, 12 de noviembre de 2014

Sensaciones a flor de piel

Acabo de volver a Washington después de pasar un par de días en casa de unos amigos en Edenton (North Carolina).  Durante estas apenas cuarenta y ocho horas todos mis sentidos --no sólo los cinco tradicionales-- estuvieron en plena ebullición.  Intentaré expresar las emociones y sensaciones que me han causado esta visita.

Empecemos con el camino por la pasarela de madera desde el jardín de la casa hasta la inmensa albufera que se encontraba al fondo. Los cipreses calvos, unos árboles pelados en medio del agua, recortaban el fondo grisáceo de la albufera en un día sin sol y medio lluvioso.  Sus curiosas "rodillas" (como gnomos que les protegen rodeando su tronco) creaban un espacio mágico sobre el agua capaz de reforzar la estabilidad del árbol y a la vez mejorar su acceso a los nutrientes que necesitan. Levantando la vista, esos troncos --casi sin hojas--, pero llenos de ese musgo ("spanish moss") daban un aspecto absolutamente fantasmal. .

Entre los cipreses calvos crecía todo tipo de maleza.  Ésta se mezclaba con las aguas pantanosas que lamían la pasarela, creando una diversidad de colores, desde el verde más rabioso hasta el rojo de las hojas de los arces o el amarillo grisáceo de algunas cañas que salían del agua.

Una sinfonía de sonidos completaba la obra: el agua removiéndose lentamente, pero de forma continua, el canto de los pájaros --águilas pescadoras y grullas-- , el croar de las ranas, sonidos difícilmente identificables para un animal de ciudad como yo, pero que, superponiéndose unos con otros, componían una melodía agradable y placentera.

Resultaba difícil caminar por esa pasarela sin tocar con las manos las plantas, las hojas y los árboles, cada uno con una textura diferente, cada uno ofreciendo una sensación distinta: suave, áspera, húmeda, seca...

Ese paseo hacia la albufera iba acompañado además de los olores procedentes de la ciénaga y del mar abierto, de árboles y hojas que se estaban cayendo --estamos en otoño-- y de ese agua que rodeaba todo lo que la vista era capaz de abarcar.

El gusto lo dejábamos para las buenas comidas. Al juntarnos varios amigos a los que nos encanta cocinar --y también comer-- nos hemos obsequiado mutuamente con unas cenas escandalosas, con una mezcla de sabores y de texturas --cocina fusión que dirían los entendidos: tajine de cordero con ciruelas pasas, junto con raviolis de calabaza o truchas de la bahía de Chesapeake.

Y me queda por resaltar el sentido para mi más importante: el de la amistad. Estar con amigos a los que aprecias, compartir comidas, paseos y confidencias, escuchar historias, discutir de política --por qué no-- es un disfrute necesario de mantener y potenciar. Estar jubilado me permite hacer y dar mayor valor a estas actividades.

P.D. Edenton está en el noreste de Carolina del Norte, donde acaba la bahía de Cheasapeake y desembocan dos ríos. Os recomiendo que veáis en un mapa su extraordinaria ubicación.

Muchas gracias.

martes, 4 de noviembre de 2014

"A midterm election"

No os asustéis por el título, pero así llaman en Estados Unidos a las elecciones que se celebran en mitad de la legislatura del presidente.

Estoy en Estados Unidos y he acompañado a votar a mi hija.  Así que son muchas las sensaciones y reflexiones que me ha producido y que trataré de transmitir.

En estas elecciones se vota toda la Cámara de Representantes (similar a nuestro Congreso de los Diputados: 435 puestos) --que se renueva cada dos años-- y a 33 miembros del Senado (cada dos años se renueva una tercera parte) y se eligen gobernadores en 36 estados. Me parece interesante el procedimiento de renovar toda la cámara cada dos años; eso permite dar mayor coherencia a lo que se viene haciendo bien y eliminar lo negativo.

Me ha llamado la atención la distribución electoral, de manera que cada candidato lo es por un distrito electoral, lo que le obliga a atender directamente a sus electores. Ya sé que esa distribución electoral puede tener trampa (que beneficie a un partido más que a otro, como el PP está intentando en la Comunidad de Madrid), pero también es cierto que obliga a una relación directa mayor del elegido con los electores. Como ejemplo, os comentaré que cuando mi hija se acercó al colegio electoral estaban allí todos los candidatos saludando y tratando de atraerse a los electores. [Evidentemente, de "día de reflexión, ¡nada!] También he visto a lo largo de estos días miles de carteles en los jardines de las casas anunciando cualquiera de las candidaturas, todas pertenecientes a un partido u otro, claro está.

Me ha gustado mucho comprobar la participación de la comunidad en la campaña electoral. No se trata de mitines, sino de miles de voluntarios que van casa por casa a explicar las razones por las que votar a un candidato, o que hacen cualquier otra muestra pública de su apoyo.

Me ha sorprendido, aunque lo recuerdo de otras ocasiones, que la prensa tome partido. El "Washington Post", por ejemplo, el día de las elecciones apoya siempre a algunos de los candidatos. Lo mismo hacen los sindicatos u otras organizaciones sociales.

Es asombroso y edificante el número de puestos de responsabilidad que son elegidos democráticamente en Estados Unidos: gobernadores y subgobernadores, fiscales generales, auditores, jueces, sheriffs, superintendentes de los distritos escolares, los Consejos Escolares de esos distritos... La inmensa mayoría de los puestos de responsabilidad no los nombra un partido, sino que los eligen los ciudadanos.

Y junto con esa amplitud de cargos elegibles, en cada elección siempre hay un número de preguntas --tipo referéndum-- en las que los ciudadanos deben decidir, por ejemplo, el trazado de una autopista, la conversión o no de una zona verde en parque deportivo para los niños o la utilización de la marihuana como medicina,...

El votar, en definitiva, no consiste sólo en elegir a un partido --aunque eso evidentemente influye y mucho-- sino en participar en otras decisiones que afectan a la vida diaria. Eso da mucho más sentido al acto de votar.

¿No servirían algunas de estas iniciativas para mejorar la calidad de nuestra democracia?  Está casi todo inventado y, si se quisiera, revitalizar nuestra democracia no es difícil. Eso sí, algún sinvergüenza saldría perdiendo.

Muchas gracias.

viernes, 31 de octubre de 2014

"Trick or treat"

Hacía muchos años que no pasaba la fiesta de Halloween en Estados Unidos.

Hoy, 31 de octubre, he pasado esta fiesta entre San Francisco, aviones y Washington D.C.. Todo ello me ha permitido observarla con la lejanía, y la presencia, suficiente para que me haya vuelto a sorprender.

Soy un profano en esta materia y, por tanto, desconozco las razones y los orígenes de esta fiesta -medio religiosa pero fundamentalmente pagana- y no es eso sobre lo que quiero hacer algunos comentarios sino mas bien sobre lo que he visto y vivido.

Lo primero que se observa es que se trata de una fiesta generalizada, con mayor énfasis en las familias que tienen hijos, pero vividas por todos por igual. Si uno pasea, cualquiera de estos días, por una ciudad americana, o por cualquiera de los suburbios que las rodean, se encuentra con casas completamente decoradas con motivos de Halloween: calabazas semejando calaveras, fantasmas que están sobre los árboles o situados estratégicamente en las puertas, estatuas simulando cadáveres, presencia generalizada de la muerte.

En el avión, dos filas delante mía, una joven de buen aspecto llevaba un adorno en la cabeza que simulaba un sombrero de una bruja, todo el que pasaba por su lado, en vez de estrañarse la felicitaba por el adorno. Otra pasajera llevaba un collar color naranja, con lucecitas, simulando calabazas. El naranja o el morado primaba entre los colores de la vestimenta, sobre todo de las mujeres. Halloween estaba presente.

Una vez en casa he vivido, una vez mas, la experiencia del ·trick or treat", (truco o trato). Niños del barrio han pasado por la casa, llamando al timbre, y llevándose cientos de caramelos o similares. Uno de mis nietos que ha hecho el recorrido ha llegado a casa con varios quilos de dulces. Y yo me pregunto qué sentido tiene ese intercambio. El padre compra varios kilos de caramelos que entrega a todos los niños que aparecen por la casa y los hijos vuelven a traer una cantidad semejante cuando vuelven de su excursión.

Me comentaban que en San Francisco, los hijos de las zonas humildes son llevados por sus padres a las zonas mas ricas porque allí se recogen mas caramelos, formándose autenticas colas en esas calles. A su vez los vecinos cuando se les acaban los caramelos, que a veces ocurre muy pronto dada la concentración de pedigüeños, tienen que apagar las luces de su vivienda para aparentar que está deshabitada y, en consecuencia, que nadie llame al timbre.

Nosotros que todo lo copiamos ya lo hemos hecho con Haloween. Se organizan fiestas de disfraces, con motivos mortuorios, en todas partes, a las que asisten miles de jóvenes. Terminaremos copiando también el "trick or treat"? ¿Mandaremos a todos los niños de los suburbios pobres al barrio de Salamanca o a Neguri a hacer el "truco o trato"?

¿Hasta donde va a llegar la influencia americana en nuestras vidas? ¿No habría otras cosas que "copiar" mas interesantes que estas fiestas que nada tienen que ver con nuestra cultura? ¡Que tal si copiamos el esfuerzo, la creatividad, la facilidad emprendedora o las buenas universidades?

Muchas gracias

miércoles, 29 de octubre de 2014

El sueño americano se va de Estados Unidos

Así titulaba el periodista Nicholas Kristol su artículo este fin de semana en el New York Times. La razón de esa afirmación estriba en que, por primera vez, hay más jóvenes estadounidenses (29%) que tienen menos educación que sus padres, que viceversa (20%), según cifras del informe de la OCDE, "Education at a Glance". Otro dato relevante de este mismo informe es que "solo el 5% de los jóvenes estadounidenses cuyos padres no terminaron la escuela secundaria, fue a la universidad, mientras que en otros países ricos la cifra es de 23%".

El sueño americano, motor del desarrollo económico de este país durante décadas, tenía su sustento en la educación, en la certeza de que el acceso igualitario a la enseñanza era la garantía de la movilidad social y económica. 

Basta con recordar un poco la historia para comprobar cómo ese acceso igualitario ha ido deteriorándose.  Nicholas Kristol lo recuerda en su artículo: "La igualdad educativa era un punto fuerte de EE.UU. Mientras que los países europeos promovían la educación de primer nivel para las élites, Estados Unidos se caracterizaba por liderar la educación de masas. Hacia mediados del siglo XIX, la mayoría de los estados proveían acceso gratuito a la escuela primaria para la mayoría de niños blancos. En Gran Bretaña, en cambio, hacia 1870, solo el 2% de los niños de 14 años estaba en la escuela. Luego, Estados Unidos fue el primer país, en la década de 1930, en el que una mayoría de chicos asistió a la escuela secundaria. En cambio, hacia 1957, solo el 9% de los jóvenes británicos de 17 años asistía a la escuela. Hasta la década de 1970, EE.UU. ocupó un lugar destacado en la educación de masas, y Claudia Goldin y Lawrence Katz, de la Universidad de Harvard, sostienen que este fue el éxito del auge económico estadounidense. Después se vino abajo, y el último reporte de la OCDE subraya de qué manera el resto del mundo está superando a EE.UU".

Una de las razones que ha motivado esta situación es que la financiación de las escuelas públicas americanas depende de los impuestos locales. Eso permite que los barrios ricos, con impuestos altos, tengan muy buenas escuelas mientras eso no ocurre en los barrios pobres.

Otra causa, sin duda más relevante, es el neoliberalismo económico imperante en el país y en todo Europa que está haciendo crecer la desigualdad, consiguiendo que los pobres lo sean más y los ricos se enriquezcan aceleradamente. Cuanto más pobre es una familia más difícil es que sus hijos consigan éxitos a nivel escolar.

"Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar", dice el refrán. Lo que hoy vemos en Estados Unidos es lo que muy probablemente veremos en nuestro país pronto. Los datos lo confirman ya: la visión elitista de la nueva Ley de Educación (LOMCE), los recortes en educación, la subida de las tasas universitarias, el encarecimiento brutal de la escolarización en la etapa de 0 a 3 años. Y lo peor es que nosotros nunca destacamos en el aspecto educativo --como sí ocurrió en Estados Unidos-- y, por tanto, la caída será más dura.

Algo habrá que hacer para evitarlo,¿no os parece?

Muchas gracias.



viernes, 24 de octubre de 2014

Un viaje en autobús por San Francisco

No son muchas las veces que me toca ir en autobús por San Francisco, y os puedo asegurar que siempre resulta interesante.

Nos subimos hoy en el autobús 31 para volver a casa desde Embarcadero. Pudimos sentarnos y, nada más hacerlo, nos acompañó la "agradable" música de la charla de dos jóvenes chinas detrás de nosotros. Cuando estuvimos en China ya pudimos comprobar que los chinos no hablan sino que ladran. Encima de este estimulante soniquete tuvimos el ruido que hacía una mujer afroamericana, al otro lado de nuestra fila, comiendo un paquete de patatas fritas y estrujando constantemente la bolsa de papel que las contenía,

Con regularidad esos sonidos eran tapados por una voz que salía de los altavoces del vehículo para alertarnos de que "tengan los ojos muy abiertos y vigilen sus móviles cuando viajen en el autobús". Pensaba yo que bien podía ser ese el eslogan publicitario de la compañía si querían quedarse sin clientes..

Dos filas más adelante un afroamericano con rastas hablaba solo y sin parar, en un tono bastante alto. Normalmente no se entendía lo que decía, excepto en un momento en que subió un chino que, al no encontrar un asiento libre, se colocó a su lado de pie, sujetándose a la barra. El buen hombre se tuvo que marchar porque el que estaba sentado le chillaba para que se fuera.

La chica sentada frente a mí --una jovencita americana rubia-- se pasó todo el trayecto con su larga melena entre las manos, buscando no sé muy bien qué; mi mujer me dice que partiéndose las puntas. Al otro lado una joven con un culo enorme --de esos que solo se ven en Estados Unidos-- llevaba una minifalda de estampados rojos y blancos. ¿Para disimular su volumen? o más bien ¿para resaltar que su trasero era el más grande que uno pudiese imaginar?

Sentado junto a la ventana, me estaba dando el sol, lo que no me molestaba nada teniendo en cuenta que estamos a finales de octubre. Trataba de mirar por la ventana, pero lo que veía era los churretones de suciedad que la tapaban casi por completo. Debía de hacer siglos que no limpiaban esos cristales.

Aun así podía apreciar, entre brumas, las casas de las calles por las que íbamos pasando --el centro de San Francisco--, la inmensa mayoría muestras de los estilos más peculiares y hermosos de arquitectura ciudadana. Embriagado por la belleza de esas construcciones, desviaba la vista hacia el interior del autobús y no podía creer que estaba en San Francisco. ¿Los viajeros del autobús eran ciudadanos de esta ciudad?  Sin duda sí, pero era difícil creerlo.

Pero, ¿no es eso el primer mundo? ¿el desarrollo del capitalismo que produce cada vez más desigualdad?

Muchas gracias.

lunes, 20 de octubre de 2014

"Podemos" y la educación pública

Durante el pasado fin de semana Podemos ha acaparado la atención informativa con la celebración de su Asamblea en Madrid. Se han discutido numerosos documentos que perfilan el programa del futuro partido. Me he interesado especialmente por la Resolución sobre educación, "DEFENDER LA EDUCACIÓN PÚBLICA, NUESTRO DERECHO Y NO SU NEGOCIO".

La Resolución propone seis medidas, todas ellas muy generales y que son asumidas y defendidas desde siempre por otros partidos de izquierda como el PSOE o Izquierda Unida. En definitiva nada nuevo ni especialmente "radical". 

Me parece muy bien su propuesta de "paralizar la LOMCE" (PSOE e IU ya han prometido derogarla la próxima legislatura si tienen la mayoría suficiente) o el "restablecimiento inmediato de los recursos básicos que aseguren el acceso universal sin discriminación económica a una educación de buena calidad: sistema fuerte de becas, número razonable de alumnos por aula, recursos suficientes para la atención a la diversidad, número razonable de horas de docencia y atención a familias".

Sin embargo, me preocupan algunas ausencias notables:
  • La Resolución no dice una palabra sobre el tema de los conciertos. La política de conciertos y los centros concertados ha sido y sigue siendo el ariete fundamental contra la educación pública. Puede resultar discutible si, cuando el PSOE llegó al gobierno, se podía o no haber acabado --o al menos endurecido-- la política de conciertos (yo creo que debería haberse hecho), pero no es discutible hoy que una política progresista en educación deba abordar este tema y proponer medidas. A no ser que no se quiera enfadar a la Iglesia, en cuyo caso conviene dejar las cosas como están. ¿No quiere Podemos enfadar a la Iglesia?
  • Hablando de la Iglesia, ¿se puede mantener una defensa de la educación pública sin resaltar el carácter laico que debe tener? Yo creo que no. Sin embargo, Podemos no dice una palabra sobre el laicismo de la educación pública y la necesaria salida de la religión del ámbito escolar. ¿No os parece curioso?
  • ¿Y el tema del Concordato con el Vaticano, que tanto afecta a la educación pública? Pues tampoco Podemos dice nada. Precisamente ahora cuando hasta el PSOE defiende su denuncia (a buenas horas mangas verdes).
Uno puede pensar que se trata solo de olvidos, pero no deja de ser llamativo que todos tengan que ver con la Iglesia. "Con la Iglesia hemos topado", querido Podemos.

Muchas gracias.


martes, 14 de octubre de 2014

Sorolla y Estados Unidos

Así se titula la exposición que la Fundación Mapfre ofrece en su sala del Paseo de Recoletos de Madrid -con entrada gratuita- y que permanecerá hasta el 11 de enero de 2015.

Esta mañana, con un día gris y lluvioso en Madrid, me he acercado a verla y a disfrutar de la luminosidad que desprenden sus cuadros. La exposición es magnifica, tanto por el volumen de obras que la integran como por la calidad y la variedad del conjunto expuesto.

No me considero un experto en pintura, pero sí que soy un ferviente admirador de Sorolla, al que revisito en su casa museo de la calle General Martínez Campos con cierta frecuencia (y que os recomiendo hagáis de vez en cuando).  Tampoco me pierdo ninguna exposición suya a la que pueda asistir, incluyendo la Hispanic Society de Nueva York donde he estado en dos ocasiones. Digo esto porque, a pesar de mi relativo conocimiento de la obra de Sorolla, esta exposición me ha sorprendido, me ha mostrado al maestro en su madurez, pero también a un Sorolla poco conocido por mí.

Me ha asombrado, por ejemplo, la sección de retratos. Conocía alguno de los que había hecho a su esposa Clotilde o a algún pintor amigo, como Alonso de Beruete, pero no la serie dedicada a personalidades americanas, donde Sorolla muestra su enorme talento para el retrato, que, por otro lado, era una buena manera de ganar dinero, según él mismo reconocía.

Espléndida también la sección de paisajes y jardines, muchos de ellos desconocidos y surgidos al calor de la investigación que llevó a cabo para pintar a Cristóbal Colón, un encargo que le hicieron con ocasión del cuatrocientos aniversario del descubrimiento de América.

Curiosa, al menos para mí, su obsesión por la pintura que le llevaba a dibujar o pintar en cualquier sitio y en cualquier momento. Preciosos los dibujos que hacía mientras se tomaba un café en un bar o comía algo; o esos "gouaches" pequeños que le servían como bocetos de cuadros, pero que son una obra de arte en si mismos, más atrevidos técnicamente, de un "impresionismo" absolutamente vanguardista.

Y además --o sobre todo--, esos cuadros del mar levantino, del sol mediterráneo, donde el agua parece que se sale del cuadro y que el correr por la playa de las dos hermanas terminará salpicándote. Es difícil imaginarse algo más bello que esas mujeres del Paseo del Faro de Biárritz o esos niños persiguiéndose por la arena, con su desnudez al sol y el chispear del agua resbalando sobre sus cuerpos.

En estos días grises, oscuros, que nos toca vivir --no tanto por el otoño en el que estamos sino por la basura y la zafiedad con que nos desayunamos diariamente-- es un consuelo encontrarse con la luz, la alegría, las ganas de vivir que refleja la obra de Sorolla.

No os la perdáis. Muchas gracias.